Jelín: “El humor es un bombón envenenado”

Espectáculos

Para no perder su trabajo, un humilde contador -al que todos desprecian- se hace pasar por homosexual provocando un gran impacto en su entorno. Sobre este argumento giran los enredos de "El placard", comedia que se exhibe en el teatro Lola Membrives con dirección de Lía Jelín. Es una adaptación del film homónimo de Francis Veber (también autor de "La cena de los tontos"), protagonizada por Diego Peretti, Alejandro Awada (en los papeles que interpretaron Daniel Auteuil y Gérard Depardieu) y Osvaldo Santoro. Completan el elenco Valeria Lorca, Hernán Muñoa, Matías Straffe, Agustina Cerviño, Marcia Becher y Pablo Finamore.

Es el cuarto espectáculo que Jelín suma este año a la cartelera porteña junto a "Toc Toc", "Dios mío" y "El Cabaret de los hombres perdidos". Dialogamos con ella:

Periodista: Francisco Piñón es un hombre gris, vapuleado por su jefe, abandonado por su mujer, ignorado por su hijo y marginado por sus compañeros ¿Por qué razón?
Lía Jelín: Tiene que ver con su indefensión. Es un hombre dulce, tranquilo, sensible, que hace su trabajo sin querer llamar la atención. Sobre el final, se ve la clase de hombre que es, cuando conversa con su ex mujer.

P.: ¿Fue complicado adaptar la película?
L.J.:
Mucho. En la película hay mucho corte y cambio de escenas; por eso ideamos con Julieta Ascar, la misma escenógrafa que hizo el telón del Teatro Colón junto a Guillermo Kuitca, un dispositivo escénico, inspirado en un cuadro de Mondrian, que muestre todos los ambientes. Así evitamos que los cambios de utilería demoren la acción. Los que corren por detrás del escenario son los actores para ubicarse en cada escena. Sólo las luces cambian.

P.: ¿Una comedia de enredos es más eficaz en teatro?
L.J.:
La actuación en vivo le da otra frescura y hay mayor complicidad entre los actores y el público. Es una comedia para pasarla bien pero al mismo tiempo reflexionar sobre nuestros prejuicios. Piñón (Peretti) es un contador de perfil muy bajo, hasta que acepta la sugerencia de su vecino y se hace pasar por homosexual. Entonces, se convierte en el centro de todas las miradas y hace que todo el mundo cambie de actitud, sobre todo el Jefe de personal (Awada) un homofóbico que da un giro completo.

P.: Todo empieza con una foto gay trucada y los rumores hacen el resto.
L.J.:
Así es. Piñón duda: "Nadie va a creer que soy homosexual". Y su vecino le contesta: "Usted comportesé como siempre, deje correr la bola y los demás van a ver en usted algo distinto". Y así es, al ponerse en marcha el rumor explotan todos los prejuicios y fantasías que estaban latentes.

P.: El autor no sólo sugiere que el sector gay se ha vuelto glamoroso, también le atribuye un alto perfil de consumo.
L.J.
: Es verdad. El chiste radica en que Piñon trabaja en una empresa de preservativos: "Preservativos Irene, lo mejor para su pene". Y como los homosexuales son grandes consumidores de este producto, el presidente de la empresa decide apoyar la marcha de orgullo gay, como estrategia de ventas. La obra juega con el tema de "salir del placard" o del "closet", como se dice en inglés, pero trasciende la cuestión gay.

P.: La expresión "coming out..." se utilizaba para la presentación en sociedad de las jóvenes casaderas. Luego se le anexó la metáfora del closet en alusión a llevar una vida secreta por el rechazo social.
L.J.:
La sociedad, la moral y la justicia tuvieron una gran evolución desde entonces. El protagonista de "Filadelfia" era abogado y perdía el empleo por ser gay y estar enfermo de sida. Hoy hay otra mirada. Hace un tiempo leí un chiste sobre un actor que leía el diario y luego comentaba entusiasmado: "Querida, me estoy haciendo famoso. Acá dicen que soy homosexual".

P.: Con ésta ya son cuatro comedias que tiene en cartel.
L.J.:
Siempre me gustó el humor. Para mí es un bombón envenenado.
Entrevista de Patricia Espinosa

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