28 de marzo 2005 - 00:00
Jelín: "Un teatro fuerte no debe competirle a la TV"
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Lía Jelín: «El gran problema que debe sortear el teatro contemporáneo es que ya no puede hacer naturalismo, porque éste ha quedado en manos de la televisión».
Dalmaroni (La Plata, 1961) ya se ha ocupado anteriormente de los crímenes «en familia». En «Burkina Faso», por ejemplo, hizo referencia a los conflictos de una pareja que, antes de suicidarse por cuestiones económicas, planea matar a sus tres hijos. Mientras que en «New York» -estrenada en el Payró hace dos años con dirección de Villanueva Cosse- el conflicto principal estaba asociado a la confesión de un incesto (con violación de una menor) del que nadie quería enterarse.
«Cuando te mueras del todo» se inicia con una feroz discusión conyugal, en la que la esposa -con un cuchillo clavado en el pecho- lo increpa a su marido por haberla asesinado. «Es una comedia negra», dice Jelín «y a mí me pareció divertido que con una estructura similar a la de las comedias argentinas del año '40, tuviera una temática tan feroz». Dialogamos con la directora antes de su partida a México, donde montará una obra de autor canadiense, luego de haber estrenado allí «Confesiones de mujeres de 30», «Kvetch», «Nosotras que nos queremos tanto» y «Todos tenemos problemas sexuales».
Periodista: ¿Cómo interpretó usted esta obra?
Lía Jelín: Lo primero que pensé fue que los crímenes, asesinatos y descuartizamientos están a la orden del día en nuestro país, y que uno los lee como si tomara agua. Hay un grado de naturalización del crimen desde lo perverso, y una aceptación tan poco crítica de esta realidad que es como para alarmarse. La obra no pretende despertar conciencias pero recurre al humor negro para reírse de la psicología y del comportamiento de esta gente tan loca, que parece una familia normal y son todos asesinos.
P.: Basta con leer los noticias de los últimos días para encontrar más de una coincidencia con los incidentes que narra esta obra.
L.J.: Y no nos tenemos que ir muy lejos para recordar otro caso muy sonado, el del clan Puccio. ¿Quién iba a pensar que la familia de un rugbier iba a secuestrar y matar gente?
P.: ¿Este desborde de la realidadhace más difícil elaborar una ficción interesante?
L.J.: El gran problema que debe sortear el teatro contemporáneo que ya no puede hacer naturalismo, porque éste ha quedado en manos de la televisión.Ahora hay que buscar otros caminos. Así como la fotografía tomó el lugar de la plástica a la hora de hacer un retrato figurativo, la televisión desplazó al teatro en lo que refiere a realismo. A consecuencia de esto el teatro necesita mostrar las cosas de otra manera. A veces uno se aventura y acierta, otras es más fácil recurrir a las cosas que han sido probadas, que ya tienen sus años o que ha sido transitadas por mucha gente. Tomar a un autor contemporáneo, sea Steven Berkoff, Thomas Bernhardt, Dalmaroni o quien sea, es más complicado porque uno está haciendo camino con este material.
P.: ¿Y de qué recursos se valió para que esta comedia negra no fuese opacada por la realidad?
L.J.: Buscamos una estética cercana al cómic, con algo de cine mudo y llevamos las andanzas de estos personajes hasta las últimas consecuencias. No quiero adelantar mucho más porque la obra está llena de situaciones divertidas, pero sí le puedo asegurar que disfrutamos mucho mientras la ensayábamos. Apruebo el elenco que encabeza Hilda Bernard, que con sus ochenta y pico de años tiene en sus manos a un personaje muy atractivo y disparatado.
Entrevista de Patricia Espinosa




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