27 de mayo 2024 - 16:00

Juego teatral entre pasado, presente y futuro

Se estrena el martes 4 "Ahora después", dirigida por Héctor Diaz, protagonizada por Federico Ottone y escrita por Guido Zappacosta, quien ganó el concurso Contar que premia a autores y da las obras la posibilidad de materializarse sobre el escenario. Trata sobre la reconstrucción del vínculo de un hijo con su padre.

Guido Zappacosta es el autor de Ahoradespués, ganador del premio Contar y que se estrena en El Picadero. 

Guido Zappacosta es el autor de "Ahoradespués", ganador del premio Contar y que se estrena en El Picadero. 

“Escribí esta obra en cuarentena profunda, tiene algo de esos días e indaga en el vínculo padre hijo, a través de recuerdos que afloran en horas decisivas", cuenta el autor Guido Zappacosta, quien ganó con “Ahoradespués” el Premio Internacional Teatro Joven organizado por la Editorial Dalya, España; fue seleccionada en el Cimientos 2022 Play Development Program organizado por el IATI Theater, New York, 2021 y ganó el concurso Contar, Feria teatral de Buenos Aires, organizada por AADET (Asociación de Productores Teatrales), AAA (Asociación Argentina de Actores) y ARGENTORES, con el objetivo de estimular la presencia de obras de autores argentinos en el circuito comercial de Buenos Aires.

Debuta el martes 4 en El Picadero con dirección de Héctor Díaz (“Antígona en el baño”, “Carnicera”, “Para mi para vos”) y actuación de Federico Ottone (“Como una perra en un descampado”, “Desperfectos”, “Qué hacemos con Walter”) y la producen Sebastián Blutrach, Tomás Rottemberg, Preludio Producciones, Eloísa Cantón y Bruno Pedemonti.

Héctor Díaz, su director, reflexionó: “Es la reconstrucción del vínculo de un hijo con su padre. El autor hace un trabajo minucioso para intentar recordar cada instante de lo que fue un lapso crucial para él. Necesita explicárselo, repasarlo y aprenderlo, para poder contarlo. Como todo recuerdo es arbitrario, él tiene sus propias herramientas de trabajo: una cancha de fútbol, una enredadera que trepa por las paredes, un pequeño nido de pájaros, un gran bollo de pizza que leva al paso del tiempo, ducharse para regarse a uno mismo, una madre, un hermano y una cocina, donde reina el padre.

Cuenta con la asistencia de dirección de Julián Marcove y escenografía e iluminación Gonzalo Córdoba. Conversamos con Zappacosta.

Periodista: ¿Cuál fue el disparador para escribir sobre este vínculo padre hijo?

Guido Zappacosta: Es autobiográfica más allá de que tenga muchos elementos de ficción. Está contada con realismo mágico porque no es tal cual sucedió sino que tomo elementos para darle una intención narrativa con un efecto teatral para que la obra funcione, entre comillas. El disparador fue que cuando mi viejo cae internado en la recta final de un cáncer, su mejor amigo lo visita en terapia y ese amigo al día siguiente le agarra una neumonía y muere. Alguien que estaba sano muere y luego lo hizo mi viejo, que nunca más volvió a estar consciente. Lo que me llamó la atención fue que siendo mejores amigos ninguno se enteró de la muerte del otro. Eso convivió en mi y hay más elementos que arman este viaje que tienen padre e hijo en las últimas 24 horas de vida del padre. Transcurre desde que van a la cancha a ver a Boca, vuelven a la casa, el padre se descompensa y luego lo internan.

P.: ¿Cómo juegan los recuerdos y por qué indagás en ellos?

G.Z.: Me parecía importante viajar a los recuerdos para entender ese presente, hacer un zoom, una lupa en la emoción adolescente de 18 años y todo lo que ocurre a esa edad. Quería traer la relación de este chico con su pasión por Boca y el básquet, cuestiones inculcadas por ese padre. Hay un episodio que tiene que ver con Cromañón, yo estuve ahí y es algo que incluí en la obra. Se narra esa noche, que el personaje sobrevive y como eso influye en la vida de una persona. Hay un juego entre esos recuerdos y un futuro cercano, anticipando lo que pasará. Ese juego entre pasado presente y futuro me dio gran libertad para la escritura.

P.: ¿Cómo fue mutando la obra desde las primeras versiones hasta llegar a la final?

G.Z.: Ese texto lo escribí en un taller con Fabián Diaz en cuarentena profunda y para mi hay algo de esa escritura donde siento esa angustia, noticias de muerte, enfermedad, familiares y amigos que tenían Covid. Hay algo de la pandemia que opera en esa obra, hubo lecturas de ese entonces, era un taller de unipersonal y fue importante la poética de Fabián. La obra salió de manera orgánica, en ese espacio en el que uno avanza paulatinamente. Cuando tuve varias versiones escritas lo que más que costó fue el pasaje de lo literario al teatro.

P.: ¿Habrías presentado obras en el Contar?

G.Z.: Había mandado una obra escrita en taller de Javier Daulte, “Los pibes de la moto”, y me parecía que iba con el carácter del concurso. En cambio mandé esta obra, el último día, estaba casi cerrando la convocatoria, y pensé que el material no era acorde a este concurso que busca autores nacionales para el teatro comercial. Y al final esta quedó.

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