Carlos Portaluppi bajo la lupa alemana: el examen de este argentino típico bordea el humor, pero prolonga innecesariamente muchas escenas.
«Beckett Argentinien» de G. Ghio. Int.: M. Montes, C. Portaluppi. Dir.: G. Ghio (Teatro « Anfitrion»).
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Inspirada en «Acto sin palabras» (I y II) de Samuel Beckett, esta novedosa versión del director Guillermo Ghio se presenta como una satírica radiografía del argentino medio. La acción transcurre en un laboratorio, cuyo equipamiento incluye una precaria cámara Gesell y otros elementos artesanales.
Allí pasa sus días un argentino, de aspecto bastante descuidado, al que un científico alemán utiliza como material de estudio para sus experimentos. Aislado y sin comunicación con el exterior, el argentino desarrolla su rutina cotidiana en forma pausada y meticulosa ante la mirada atenta del científico. Este intenta evaluar su inteligencia y capacidad de resolución imponiéndole diversos obstáculos, pero cuanto más observa a su objeto de estudio, más aumenta su desconcierto. Las reacciones de este insólito «cobayo» están dominadas por el sentimentalismo, la desidia, el olvido de las experiencias vividas y la paralización ante cualquier situación conflictiva.
Alejada del planteo metafísico que ofrecen los textos de Beckett, la puesta de Ghio bordea siempre el humor recurriendo a un enfoque concreto y localista del material original. La rica gestualidad de Carlos Portaluppi (en un papel que carece de toda expresión verbal) y las conclusiones del científico alemán a cargo de Marcos Montes compensan el innecesario estiramiento de algunas escenas y su ritmo algo moroso.
La versión incluye breves parlamentos en lengua alemana que luego son traducidos por una voz femenina, tan gélida y profesional como la que se escucharía en un congreso científico. A través de este recurso el director pudo perfilar más claramente la idiosincracia de este individuo, torpe e infantil, representado como el argentino medio.
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