Berlín - Aun se oían ayer los ecos de la algría argentina por los dos importantes premios que recibió el sábado «El abrazo partido» de Daniel Burman (Premio del Jurado) y a su protagonista, Daniel Hendler (Oso de Plata al mejor actor) en la 54 edición del Festival de Berlín. No es para menos, ya que el film argentino compitió con más de 20 films, muchos de ellos firmados por grandes nombres del cine, y se llevó dos de los ocho premios principales.
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Los dos premios corroboraron impresiones y juicios compartidos por la crítica internacional: «El abrazo partido» mantiene un equilibrio inteligente entre el tono de comedia liviana y el retrato de un malestar socio-económico, que no pierde de vista a los personajes, diseñados con realismo y mucha simpatía.
La película gira en torno a las tribulaciones, graciosas y existenciales, de un porteño que no sabe para dónde rumbear. Daniel Hendler brinda al personaje la misma mezcla de frescura y humor que otorgó al protagonista de «Esperando al mesías», el segundo largometraje de Burman.
El sábado fue un día glorioso, también, para los padres del realizador, un matrimonio de abogados porteños que cerró su estudio por unos días para acompañar a su hijo en Berlín.
La Universidad del Cine, fundada por Manuel Antín hace más de una década, produjo el cortometraje «Público/Privado» de Christoph Behl, un estudiante alemán de esa universidad que fue premiado con una Mención. Otro acierto de maridaje entre forma y fondo, el corto es una visión dura de una ciudad hostil, rodada con rigor y buen manejo del lenguaje cinematográfico. Más puntos a favor para la Universidad del Cine, cuya fama atrae alumnos internacionales.
El Oso de oro de esta Berlinale, entretanto, se quedó en casa, ya que recayó en el vigoroso film alemán, «De frente» (o su traducción literal «contra la pared»), del joven director hijo de inmigrantes turcos Fatih Akin. La película explora - primero como comedia costumbrista y luego deslizándose a la tragedia, por el puente del melodrama- las presiones familiares y culturales que se ejerce sobre un matrimonio, al que una joven turcoalemana entra por conveniencia para poder zafar de la tradición islámica. El conflicto no sale de la comunidad turca, y para los protagonistas, Hamburgo es una ciudad tan turca como Estambul.
En esta mirada realista sobre el precio de la adaptación no hay esperanza, ya que las fuerzas en choque desmembran a la primera y segunda generación de inmigrantes. De manera tangencial, el flamante Oso de oro permite ver la esquizofrenia en la que puede dejarse caer el inmigrante del Medio Oriente en contacto con una democracia occidental.
El choque de tradiciones políticas, culturas y religiones -a la luz de la globalización y la psicosis por el terrorismo internacional- ha resultado ser un tema recurrente de la competencia oficial este año. Su caso extremo es el film del veterano realizador británico Ken Loach que en «Ae Fond Kiss» -muy bien recibido por la crítica - contrapone la visión romántica de una familia musulmana en Glasgow (sin explorar el tratamiento inaceptable de las hijas mujeres) con una caricatura del mundo cristiano, poblado de hipócritas y burócratas. La película refleja la nueva utopía de las izquierdas, embarcadas en el elogio incondicional del Islam. La Berlinale, como se ve, está siempre en «la cresta de la ola».
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