La ciencia, objeto de una pieza inquietante

Espectáculos

«Copenhague», de Michel Frayn. Dir. C. Gandolfo. Il.: R. Traferri. Int.: A. Berdaxagar, A. Segado y J.C. Gené. (Sala Casacuberta, Teatro San Martín.)

E s un mérito digno de destacarse que una obra que obtuvo el Premio del Círculo de Críticos de Londres, estrenada en Nueva York, donde mereció el Premio Tony, ocupe la cartelera del Teatro San Martín. Y el hecho de que sea ovacionada, en una función dedicada al público general demuestra que aún existe en el país una reserva importante de inteligencia, curiosidad y rigor intelectual, que la frivolidad y la vulgaridad no han logrado domesticar.
«Copenhague», de Michel Frayn, relata el encuentro entre dos sabios: Niels Bohr y Werner Heisenberg, cuyos descubrimientos en el campo de la física cuántica revolucionaron la ciencia. Ambos diferían en aspectos delicadísimos que atañían a sus teorías, pero estaban unidos por una relación casi de padre e hijo, y sus enfrentamientos encolumnaron tras ellos a la elite de los sabios de la época.

Tarde o temprano, la novedad de su pensamiento ganará la calle y entrará a formar parte de la vida cotidiana. Pero por ahora, las dificultades que presentan su enunciación y su terminología permiten sólo a los estudiosos acercarse a ellos. Aunque Jung, Popper, e incluso Koestler, en sus estudios sobre la mente, incluyeron datos provenientes de sus investigaciones.

La primera parte de la obra se sustenta en discusiones técnicas, y es de difícil comprensión. Pero la pieza no es un entretenimiento, sino el acceso a un mundo rico y desconocido, complejo como una sinfonía y amerita varias lecturas para disfrutarla en profundidad.

La parte política, concerniente a la responsabilidad que les cupo a ambos científicos en la creación de la bomba atómica es de lectura más accesible. Pero el problema va más allá. Remite al Principio de Incertidumbre, a la Ley de los Grandes Números, a la Teoría de las Correspondencias, a los misterios del azar.

Todo esto lo ha entendido
Carlos Gandolfo, ideando una puesta inquietante, en la que los movimientos, por momentos, parecen representar abstracciones, sin que los personajes dejen de expresar la angustia individual, la indefensión y, aunque tímidamente, la esperanza.

Elenco

Ha contado para ello con tres intérpretes ideales. Alberto Segado expresa con claridad las ideas que expone y es capaz de apasionarse por ellas. Una notable interpretación, que denota una gran inteligencia.

Alicia Berdaxagar,
como la esposa de Bohr, intenta crear un puente entre los dos hombres y aporta una cuota de sentimiento, haciendo patente que detrás del enfrentamiento teórico, hay algo más que una competencia por el poder (aunque ésta exista). Es una profesional capaz de sacrificar su personalidad en aras de su papel. Y Juan Carlos Gené pone al servicio de su personaje un oficio rotundo.

En la selección musical se incluye un fragmento de una obra de
Henryk Gorecki, compositor que refleja el carácter de las nuevas ideas.

En suma: un espectáculo que representa una vanguardia verdadera y que seguramente despertará polémicas.

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