27 de marzo 2001 - 00:00

La conservadora Academia consagró a los favoritos

Premiados con los Oscar.
Premiados con los Oscar.
Nada fuera de lo previsto. La Academia de Hollywood cumplió anteanoche con una de sus ceremonias más austeras y relativamente breves de los últimos tiempos (tres horas y media, contra las cuatro horas y cuarto del año pasado) y en la que prácticamente no hubo ganadores inesperados. Acaso, el triunfo de Marcia Gay Harden como actriz de reparto por el drama «Pollock» (las encuestas señalaban a Kate Hudson, de «Casi famosos», como favorita) y finalmente el Oscar a la dirección a Steven Soderbergh por «Traffic». Se había dicho que sus posibilidades, al tener doble candidatura, no se duplicaban sino que se dividían, pero al cabo su consagración demostró lo de siempre, que en Hollywood no rigen las leyes matemáticas.

Donde sí se impuso el frío cálculo, sobre todo para los productores de la ceremonia, fue en el rating de la televisación: la agencia «Nielsen» estableció un «share» de 29,2 por ciento de espectadores, el peor resultado desde 1986, con ocho por ciento menos que la audiencia registrada en 2000. En Buenos Aires, la transmisión por «Azul Televisión» (ver recuadro) hizo un promedio de 6,9 puntos, la marca histórica del Oscar.

Los analistas indican que este disminuido interés se debe sobre todo a que Hollywood tuvo el año pasado varios fracasos y pudo ofrecer en cambio pocas películas de alto nivel. Sin embargo, se dijo en Estados Unidos, quizá una parte del público decidió apagar el televisor luego de un chiste de Steve Martin, al que aparentemente tomaron por cierto. Al principio de la ceremonia Martin miró su reloj y dijo: «Estamos bien de tiempo, todavía tenemos cinco horas».

La actuación de Martin fue mucho menos brillante que lo esperado. Es sin duda un buen showman, un buen humorista también, pero el contraste con el desopilante Billy Crystal se hizo sentir. Martin tuvo poca presencia escénica, al revés de su antecesor en los últimos años, y se lo vio demasiado controlado y hasta serio. Sin embargo, descargó una batería de buenos chistes en el comienzo: «800 millones de personas están mirando en todo el mundo este espectáculo, y cada uno de ellos piensa lo mismo: que todos somos gays», dijo. «Es verdad: el mundo del espectáculo es el más tolerante de todos, aquí están representadas todas las minorías, y todos con un amor común: el amor por la publicidad».

Como casi todos los años, los momentos más emotivos de esta ceremonia más bien fría son siempre los mismos: la entrega de los Oscar honoríficos, que este año recibieron el director de fotografía Jack Cardiff, el guionista Ernest Lehmann y el productor Dino de Laurentiis, y la secuencia donde se rinde homenaje a los fallecidos en el último año. Presentado ese recordatorio por John Travolta, los aplausos más fuertes los recibieron las imágenes de Alec Guinness y Walter Matthau.

Ninguna de las hipótesis sobre supuestos récords se cumplió, y en ese sentido la Academia demostró seguir siendo tan conservadora como siempre. «El tigre y el dragón», ese objeto de culto del gran público norteamericano, se llevó el Oscar al Mejor Film en Lengua Extranjera pero no lo hizo en la categoría central ni lo recibió, en el rubro dirección, Ang Lee.

El cine de gran espectáculo y tradición, representado en la épica «Gladiador», fue la obvia ganadora, sin que tampoco la amenazara la más cuestionadora «Traffic». Sin embargo, esa posibilidad se balanceó con los premios a la dirección: Ridley Scott, el flemático director de «Gladiador», debió ver cómo subía al escenario su rival de «Traffic» Steven Soderbergh, pero éste no pudo ver consagrado a su film como mejor película. Tampoco hubo récords en el Oscar al Mejor Actor Protagónico, porque Russell Crowe se llevó el suyo, por su papel de Maximus, y Tom Hanks deberá volver a engordar o a adelgazar para el año que viene si quiere acercarse otra vez a la posibilidad de un tercer Oscar. Desde luego,la posibilidad de que ganara en ese rubro Javier Bardem, por su composición del escritor homo sexual cubano Reynaldo Arenas, sólo cabía en las esperanzas de la prensa en lengua española.

La más verborrágica de la noche fue Julia Roberts, que recibía su primer Oscar, y recitó un discurso de casi cinco minutos en el que no dejó agradecimiento por hacer y terminó con una declaración de amor universal: «Los amo a todos».

Pero los actores, este año, se mostraron también más reservados en sus agradecimientos. No hicieron declaraciones humanitarias, y lo más apreciado por la gran industria fue el silencio que mantuvieron sobre el tema del que habla todo Hollywood: la inminencia de una huelga de actores y guionistas que amenaza con paralizar toda la actividad y reportar pérdidas millonarias.

Huelga

Alrededor de 11.000 guionistas pararán a partir del 2 de mayo, seguidos por un eventual paro de 135.000 actores de cine y de televisión después del vencimiento del contrato colectivo que fija sus condiciones de trabajo el 30 de junio. Nadie hizo ninguna referencia al problema en el escenario del auditorio Shrine, pero muchos de los ganadores lo comentaron entre bambalinas.

«Creo que las cosas por las que podrían declararse en huelga son causas respetables», dijo
Marcia Gay Harden, ganadora como actriz secundaria. El director y guionista Cameron Crowe, que obtuvo el Oscar al mejor guión original por « Casi famosos», dijo que se sentía entre dos aguas. «Recuerdo claramente cuando era un guionista tratando de encontrar un director que protegiera mi trabajo, o sea que siento mucha simpatía por los guionistas», dijo. «Y también soy miembro del sindicato de directores, o sea que tengo que estudiar qué smoking ponerme.»

La primera ronda de negociaciones entre el sindicato de guionistas (WGA) y la alianza de productores de cine y de televisión (AMPTP, 350 productoras y estudios) fueron suspendidas a principios de marzo después de seis semanas de infructuosas discusiones. Tanto los guionistas como los actores exigen un aumento considerable de la remuneración por su trabajo en los crecientes mercados del video, DVD, la televisión por cable o por satélite e Internet, tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Los guionistas reclaman, además, una modificación de los créditos de las películas, casi a la par del director.

Beneficios

Mientras tanto, hablando de ganancias, ayer se conocieron los primeros efectos del Oscar sobre las compañías productoras: «Gladiador», producida por DreamWorks Pictures y Universal Pictures, una filial de la francesa Vivendi Universal. El grupo francés de servicios y medios de comunicación se benefició con una subida de 3,5 por ciento en el precio de sus acciones, a 66,55 euros, en París.

Finalmente, no hubo frases memorables ni bloopers que anotar. Acaso, la referencia del Oscar honorífico a Ernest Lehmann al trabajo «anónimo del guionista, que permanece en las sombras y casi nunca recibe la gloria», pareció que se encaminaría a alinearse con el reclamo actual del sector, que requiere igual tratamiento en los créditos que el director, pero no pasó de allí.

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