10 de marzo 2022 - 00:00

La difícil tarea de rodar con Paul Auster al lado

Chomski logra un buen film distópico, pero la excesiva fidelidad al célebre autor no ayuda.

el país de las últimas cosas. Bellas imágenes de Chomski.
el país de las últimas cosas. Bellas imágenes de Chomski.

Alguien dijo que cuando un escritor se convierte en guionista de cine debe dedicarse a arruinarle los libros a sus colegas y no los propios. Pero en el caso de Paul Auster esto no se cumple mucho, dado que el autor de “Smoke” siempre se involucra demasiado en sus adaptaciones al cine, al punto de que hasta dirigió personalmente algunos de sus films, logrando resultados medianos en películas no del todo decepcionantes, pero no tan notables como algunas de sus novelas. Esto se percibe claramente en esta interesante “El país de las cosas perdidas”, una película distópica en la que las imágenes son más interesantes y logradas que el desarrollo argumental, que peca de un estilo excesivamente literario, por momentos alejado de una apropiada narrativa cinematográfica.

En este sentido casi se podría decir que todo lo bueno de este título de ciencia ficción se debe al logrado trabajo del director argentino Alejandro Chomski, mientras que todo lo que no funciona acusa el sello inconfundible del escritor de la novela original (“In The Country Of Lost Things”) además de productor y en la práctica, un coguionista que controló cada detalle de la elaboración del film. Pero esto no significa que esta rara coproducción entre Argentina y la República Dominicana no sea algo digno de verse, tanto para los fans de Auster, que celebrarán defectos como la incansable voz en off de la protagonista (el recurso domina tanto la película que, cada vez que vuelve el off, es como si la acción se detuviera) como para el público más desprevenido que entre a ver una película de ciencia ficción apocalíptica con toques originales tanto en la puesta como el elenco políglota y sobre todo en lo visual, esencial en el film dado que en junto al verdadero protagonista es este mundo futuro tercermundista que luce más como la Argentina que implotó socialmente después de 2001 que a un mundo futuro tecnológicamente más sofisticado estilo “Blade Runner”.

A este lugar caótico y desolador llega una mujer en búsqueda de su hermano, del que no se sabe nada hace tiempo. El espectador también ignora de dónde viene la chica ni qué fue este sitio antes de la hecatombe que provocó que cosas que la gente antes daba por sentadas vayan perdiéndose. Las desventuras de la protagonista, quien sólo vence el stress masturbándose, dan lugar a una variedad de situaciones y personajes atractivos, pese a que por los motivos ya señalados el pulso narrativo es ondulante, ya que cada vez que Chomski tensa el ritmo, Auster se ocupa de distenderlo.

Con todos sus altibajos, este film destinado a convertirse en un cult movie nunca deja de ser atractivo para ver ya que el director hizo un trabajo brillante, exprimiendo al máximo el presupuesto para lograr un universo distópico distinto de tantos otros que hemos visto en el cine fantástico de los últimos años. Todo lo técnico es sólido e imaginativo, y las actuaciones de un elenco heterogéneo -República Dominicana no es exactamente una Meca del cine- con buenos trabajos de María de Medeiros y el eterno Juan Fernández y su rostro omnipresente en toda película de las ultimas décadas cuya acción transcurra en algún conflictuado país centroamericano.

“El país de las últimas cosas” (Argentina/República Dominicana, 2022). Dir: A. Chomski. Int.: M. de Medeiros, J. Fernández, M. Da Silva.

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