«La esposa del buen abogado» (Baramnan Gajok, Corea, 2003, habl. en coreano e inglés). Guión y dir.: Im Sang-soo. Int.: So-ri Moon, In-Mun Kim, Yeo-Yeong Yun, Tae-gyu Bong, Jeong-min Hwang.
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El abogado del título no es tan bueno. Por su culpa tiene el cliente que tiene, un borracho vengativo que, cuando se ve perdido, le termina secuestrando y matando al hijito. Con semejante escena, suena feo que la película se promocione como «cargada de erotismo y sexualidad», aún cuando haya algunas escenas de descargas sexuales. Y eso de «toda la magia y el erotismo del nuevo cine coreano» es como para que a uno le devuelvan la entrada. Lo que sí es bastante cierto, es que «estamos ante una historia familiar que podría ser más común de lo que parece».
El tipo es un infeliz que sigue el camino del padre. Incapaz de autocrítica, alcohólico, dejado, autodestructivo y cornudo. Y su mujer es como su madre. No se priva de despreciar públicamente al marido (que ya la tiene cansada), le sobra tiempo libre, y cree que, ante todo, merece atenderse más a sí misma. Así es como se entretiene en el club, y juguetea con el adolescente de la casa de al lado. Otro que bien baila. En tanto, al abuelo lo tienen olvidado (cuando uno se acuerda, hace seis meses que se murió), y el padre, que tiene una resistencia bárbara, fastidia asquerosamente a todo el mundo desde su cama de hospital. Cuando al fin muere, la viuda blanquea enseguida su relación con otro viejo, y se va a la milonga, vale decir, por ahí baila a los cabezazos algo así como un tango, a cargo de una orquesta tachín-tachín. El resto (son 106 minutos) se completa con rezagos de diversas escenas deshilvanadas, de relativa continuidad, tipo « filmamos esto pero no nos alcanzó para la otra parte, o nos salió mal», así que no se entiende mucho pero igual se incluye, total es moderno, es «el nuevo cine». Como dice un querido director de fotografía, «hay dos modos de hacer las cosas: bien, o moderno». Pero qué importa. Quien va a ver esto no es por modernista sino por otra cosa. Y sí, algo se ve, tanto de la mujer con el adolescente, como del abogado con una fantasiosa que se refriega contra su espalda mientras él comenta unos crímenes espantosos de un caso que, justo en ese momento, no viene al caso. P.S.
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