15 de noviembre 2001 - 00:00

La Filarmónica de La Haya no logró convencer

Derek Han
Derek Han
Orquesta Filarmónica de la Residencia de La Haya (Holanda). Director: Jaap van Zweden. Solista: Derek Han (piano). Obras de Willem Mengelberg, Sergei Rachmaninoff y Johannes Brahms. (12/11, Teatro Coliseo. Ciclo Harmonia.)

Coincidiendo con la visita el príncipe de Holanda, su novia, la argentina Máxima Zorreguieta, y empresarios de esa nacionalidad, también llegaron los «dutchman» que integran la Filarmónica de la Residencia de La Haya. Lamentablemente, los ilustres visitantes no pudieron presenciar el desempeño de sus compatriotas, ya que este concierto debía realizarse en el Teatro Colón, y ante el quite de colaboración de los técnicos, en pocas horas se gestionó una mudanza al Coliseo, donde tocaron una hora más tarde de lo anunciado. Estos cambios a nosotros ya no nos sorprenden (parece que habrá que convivir con ellos quién sabe hasta cuándo), pero avergüenza la impresión que seguramente se llevaron las visitas.

La filarmónica holandesa es un organismo que se hizo famoso cuando la Philips lideraba la industria discográfica e invadió al mundo con las grabaciones de esta orquesta dirigida en ese entonces por Willem van Otterloo, un auténtico maestro. Después estuvieron al frente varios rusos, y ahora un «concertino» ascendido. Con esta biografía se comprende por qué hoy no tiene personalidad ni estilo, carece de un sonido homogéneo y sus ejecuciones no trascienden.

Con el aditivo de la proyección de imágenes de una serie de 19 maravillosos grabados de Rembrandt, la orquesta ejecuta «Improvisaciones sobre una melodía original para los grabados de Rembrandt», del compositor holandés Willem Mengelberg, nacido en Utrecht en 1871 y fallecido en Suiza en 1951. La experiencia resultó muy interesante y atractiva. Algunas melodías tienen la virtud de resaltar la belleza de lo simple, acentuando los pocos -pero tremendamente elocuentes-trazos rembrandtianos, en otras secuencias de intensa serenidad según transcurre la narración de la vida terrena de Cristo (a quien Rembrandt dibujó de niño predicando en posición budista, y un ligero modo oriental subrayó el detalle).

Antecedentes

Al pianista Derek Han lo escuchamos antes en Amsterdam en su Integral de los Conciertos de Beethoven, y aquí en dos Conciertos de Mozart, y lo hizo muy bien. Pero el Concierto N° 2 en Do Menor Op. 18 del romántico tardío Sergei Rachmaninoff (1873-1943) no se acomoda ni a su temperamento pianístico ni a sus manos. Su interpretación fue transcurriendo en un tedioso plano parejo e inexpresivo, cumplió con las notas sin apasionarse y su concepción opaca no encaja con la brillante y hasta espasmódica partitura. Tampoco lo ayudaron los bronces de la orquesta, de llamativa mediocridad.

Se cambió la prometida Sinfonía «Heroica» de Beethoven por la Sinfonía N° 4 en Mi Menor Op. 98 de Johannes Brahms en una rutinaria versión condenada al olvido.

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