14 de octubre 2002 - 00:00

La historia del país a modo de bello collage

Elenco de Reconocernos
Elenco de "Reconocernos"
«Reconocernos». Dir. y selección de textos: O. Barney Finn. Mús.: J.C. Cuacci. Canto: I. Rinaldi. Int.: T. Biral, S. Alemán, D. Marzio y A. Grimau.

Con textos de diversos autores, Oscar Barney Finn ha construido un collage que intenta recuperar la memoria del país, y a través de ella «Reconocernos». La tarea no es fácil, porque el director ha tratado el material con objetividad, sin tomar partido, de tal modo que los personajes más antagónicos puedan expresar su parecer abrazando a todos, dando lugar a conquistadores y conquistados, unitarios y federales, populistas y aristócratas, políticos, militares y poetas, quienes optan por el intimismo o la lírica y aquellos que se sienten más cómodos con el tono épico. Casi obligatoriamente, el desfile empieza con «La Fundación» borgeana, que incluye al tango y a Yupanqui y cierra con Fito Páez.

La lista de autores incluida en el programa ayuda a seguir el hilo de una historia fragmentada, que en la primera parte es más potente y permite que las figuras de Lugones y Sarmiento se dibujen con mayor precisión que otras. Carriego, González Tuñón, Rafael Obligado, Julián Centeya y Arlt conviven con Silvina Ocampo, Bioy Casares y Martha Lynch.

No falta el homenaje a Cortázar y su bellísimo bebé Rocamadour, de «Rayuela». También surgen las voces de Alfonsina y Alejandra Pizarnik, que suenan casi tan rebeldes como las de Juan Gelman o Rodolfo Walsh.

Del conjunto emerge un país rico y contradictorio, muchas veces teñido de cólera y de miedo.

Marechal
sufre su soledad y Obligado su nostalgia porque, aunque lo que dicen las voces de su infancia sigue siendo lo mismo, él ya no puede reconocerse en ellas porque ha cambiado.

La presentación es bella y Barney Finn ha elegido bien a sus oficiantes. La prudencia intimista de Selva Alemán borda finamente los textos, en contraste con el profesionalismo de Thelma Biral, más extrovertida y un poco ampulosa. Duilio Marzio opta por el refinamiento y la elegancia, mientras que Antonio Grimau se deja llevar por la pasión. Como el reparto de los textos coincide con el temperamento de los intérpretes, el resultado es grato.

Juan Carlos Cuacci
es el excelente soporte musical que sirve de hilo unificador de los textos, y las intervenciones de Inés Rinaldi merecen el entusiasmo que les brinda el público.

En fin, un espectáculo que ilustra lo que anuncia el programa de mano con las palabras de
Manuel Puig: «El mal nos sube a los argentinos, como la savia dentro del tronco; nuestras desgracias son las ramificaciones de las desgracias antiguas, que no pudieron ser detenidas o desviadas en su origen».

Oscar Barney Finn
se ha enfrentado con el dilema de elegir los textos sin que nadie quedara afuera. Pero una mayor síntesis hubiera favorecido el resultado.

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