16 de septiembre 2005 - 00:00
La hora de Shakespeare en Buenos Aires
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Declan Donnellan de regreso en el país: ahora trajo un elenco ruso, con el que hará «Noche de reyes» en riguroso estilo shakespeariano, es decir, sólo con actores varones.
Donnellan (Londres, 1953) es reconocido internacionalmente por su renovadora mirada de los clásicos. Con su compañía Cheek by Jowl recorrió el mundo, y además trabaja como director freelance. Tanto puede montar un «Otelo» en Hong Kong -y a la semana mostrarlo en Australia- como dirigir al Ballet Bolshoi en «Romeo y Julieta». Pero siempre vuelve a Cheek by Jowl un «ensamble» que, según él, le permite «seguir siendo un rebelde, trabajar con la gente que quiero y de la manera que quiero, algo que no puedo hacer cuando dirijo en el National Theatre, la Royal Shakespeare Company o el teatro comercial».
Periodista: ¿Trabajar con un elenco masculino implica una mayor fidelidad a Shakespeare?
Declan Donnellan: Yo ya había dirigido esta obra en Inglaterra, incluyendo mujeres; pero ahora con este elenco me pareció más interesante hacer esta variante. Del teatro de Shakespeare se sabe muy poco, sólo lo que indican los textos, es imposible determinar cómo eran sus puestas. Hay quienes sostienen que los papeles femeninos eran interpretados por niños y a mí eso me parece increíble, porque cuando vi teatro kabuki en Japón me di cuenta de que un hombre maduro puede hacer perfectamente de mujer. Además, encuentro muy perturbadora la idea de una Lady Macbeth interpretada por un chico de 11 años.
P.: ¿Alguna vez se hizo así?
D. D.: Estoy seguro de que los papeles femeninos estaban en manos de actores muy jovencitos, no de niños. También sabemos que eran compañías de gira con alrededor de 14 actores como los que tenemos nosotros y también conocemos los lugares en donde actuaban, pero todo lo demás lo deducimos de sus textos. Como, por ejemplo, ese chiste que aparece en «Sueño de una noche de verano» que permite suponer que el actor que hacía de Helena era muy alto y el que hacía de Hermia muy bajito. Pero por lo demás quién puede saber lo que sucedió realmente, no hay nada mas impredecible que el pasado.
P.: ¿Qué valor tienn para usted un clásico como Shakespeare?
D.D.: Los clásicos nos ayudan a conocernos, a ver cómo somos realmente. Shakespeare es en verdad grande porque examina el amor desde todos los puntos de vista. El amor puede ser doloroso, temible, cruel, filoso sin dejar de ser muy sentimental. Hace diez años traje a Buenos Aires «Medida por medida» y siempre quise volver. Ahora estoy en negociaciones para traer «The Changeling» de Thomas Middleton, un autor contemporáneo a Shakespeare. Me encanta. Es una tragedia violenta y lujuriosa, tiene sexo, crímenes y escenas aterradoras.
P.: USted realizará un taller teatral aquí.
D.D.: Así es, y ese fue otro de los motivos que me trajeron a Buenos Aires, ese workshop organizado por el British Council al que asistirán varios directores de Latinoamérica. Nuestro objetivo es ver cómo un director y un diseñador pueden ayudar al actor a trabajar mejor. Podríamos decir que con este workshop estamos inaugurando la escuela que vamos a empezar a dirigir en Inglaterra durante tres años.
P.: Los medios extranjeros hablan de un relanzamiento de Cheek by Jowl...
D.D.: Sí, la compañía fue fundada en 1981 y en los primeros 17 años trabajamos mucho, pero después tuvimos que frenar un poco el ritmo de nuestras producciones por mis largas estadas en Rusia, donde formé esta compañía de actores rusos. Entre 1998 y 2004 trabajamos en cámara lenta, apenas dos Shakespeare («Mucho ruido y pocas nueces» y «Otelo») y el montaje de «En casa/enKabul» de Tony Kushner. Durante este periodo hice «El Cid» en Avignon con elenco francés, comencé un taller para la Royal Shakespeare Company, hice una ópera en Salzburgo y un ballet para el Bolshoi. Pero, ahora decidimos volver con Cheek by Jowl y tomar venganza.
Entrevista de Patricia Espinosa




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