Bella y coqueta Nicole Kidman, amenazada por sicarios y conspiradores en «La intérprete», de Sidney Pollack.
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Básicamente, el argumento es exactamente como cualquiera se lo imaginaría antes de ver la película, y en exacta secuencia: desesperación de la testigo, desconfianza inicial del protector sobre la veracidad de lo que dice, comprobación, complicación sentimental entre ambos, peligro. Sensación, en definitiva, de película muchas veces vista.
Sin embargo, eso no es lo más negativo (al fin y al cabo, uno de los grandes placeres del cine consiste en olvidar y volver a ver siempre la misma película). Lo que distrae, fatiga e inclusive a veces irrita son las innecesarias complicaciones de la trama, las ramificaciones de toda clase, quizá con el único fin de llegar a las más de dos horas de película.
Esos estiramientos producen, más de una vez, escenas como la de
En definitiva, el film retribuye al espectador con un módico entretenimiento policial, que por cierto se desearía más conciso, y más lúcido.
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