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Como si la Argentina estrenara una nueva mirada o, al menos, un nuevo enfoque. Por un lado, el fenómeno se debe a que la uniformidad del mundo globalizado determina la revalorización de las diferencias locales; por otro, este cambio de rumbo incide en los grandes centros de consagración internacionales, donde las expresiones artísticas de todas las etnias pasaron a ocupar un lugar preferencial.
En este contexto, los argentinos tradicionalmente seducidos por el magnetismo de París y luego por los dictados que imponen los grandes sacerdotes de turno desde los centros del arte, descubren que el mundo está más abocado a rescatar su propia diversidad que a acatar mandatos foráneos. El ejemplo más cercano es Brasil, que convirtió la difusión de la identidad tan especial de su arte en razón de estado.
Hecha de sutilezas y lejos de cualquier estereotipo, su obra que se inicia con una serie de cartones humorísticos, pero pega un salto en el año 1943, cuando presenta los trabajos en tinta de impecable factura que abren la exhibición.
No es la primera vez que se realiza una retrospectiva de
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