"La mejor selva es la de Kipling, no la de Walt Disney"

Espectáculos

El público conoció a Alejandro Paker por su estupenda interpretación del maestro de ceremonias en «Cabaret», pero su carrera venía de mucho antes. Paker ahora integra, junto a Darío Lopilato y Christian Sancho, el elenco de «El libro de la selva», espectáculo que se exhibe en el Broadway los sábados y domingos a las 15. Este musical infantil, basado en el clásico de Rudyard Kipling, tiene libro de Vasco Moulian y dirección de Hernán Vega (ambos chilenos) e incluye marionetas gigantes, teatro negro, destrezas acrobáticas y música en vivo a cargo de la banda de Juan de Benedictis (hijo de Piero). La obra fue estrenada en Chile hace ya una década y, desde entonces, realizó varias giras por aquel país y Latinoamérica.

En «El libro de la selva», Paker se transforma en el tigre Shere Khan y en el Rey Mono, que además de dirigirle a los adultos algunos chistes de doble sentido, hace bailar a la platea.

El viernes 13, además, el actor sumará más actividad a su agenda con el estreno de «Pepino el 88» en el Teatro Presidente Alvear. En esta obra, escrita y dirigida por Daniel Suárez Marzal, asumirá el papel de Frank Brown, el famoso payaso y empresario circense que en 1884 abandonó Inglaterra para instalarse definitivamente en nuestro país. El espectáculo se centra en el supuesto triángulo amoroso que compartió Brown con Pepe Podestá (Víctor Laplace) y la ecuyère Rosita de La Plata (Karina K). Dialogamos con Paker.

Periodista: El público sólo conoce «El Libro de la selva» por Disney y no por el libro. ¿Qué línea sigue esta obra?

Alejandro Paker: Esta versión está más cerca del texto de Kipling y no la de Disney. Se pensó según el espíritu original con la que se la escribió. Es ideal para los más chiquitos por la cantidad de animales que desfilan por la escena. Darío Lopilato es un Mowli diferente, un personaje medio atolondrado y vagoneta a quien el oso Baloo y la pantera Bagheera intentan educar y proteger de las amenazas del tigre Shere Khan, que quiere eliminar a Mowli antes de que se convierta en hombre y por lo tanto en un potencial cazador de animales; pero cuando el chico conoce a una joven india (Zaira Nara) abandona la selva. Verse reflejado en un ser que se le asemeja es lo que determina su partida.

P.: ¿Inevitable el mensaje ecológico?

A.P.: Ah, sí, sobre todo en relación al cuidado y respeto que debemos a los animales. Hay una escena, en la que Mowly es secuestrado por una tribu de monos que quieren tenerlo de mascota. Lo interesantees que con esta inversión de papeles, los chicos van a entender que detrás de cada mascota hay un ser viviente.

P.: Pasemos a «Pepino el 88» ¿Cómo es la obra?

A.P.: Tiene lirismo y nostalgia. Es como esas fotos de color sepia, donde lo sórdido y triste de la vida circense fue dejado de lado para hacer foco en un instante glorioso, digno de ser recordado. Todos estos hechos ocurren entre 1890 y 1930 y Suárez Marzal tomó como pretexto una historia de amor, para evocar una época en la que acá sólo se valoraba lo que venía de afuera. El también quiso rescatar a aquellos artistas pioneros que defendieron a los autores nacionales y construyeron un teatro ligado a nuestra identidad.

P.: ¿Cómo era Frank Brown?

A.P.: El escritor Dardo Cúneo dijo que fue un hombre había sufrido mucho, y por eso fue un gran payaso. Fue muy querido en su época. Tenía una gran cultura y entre sus admiradores figuraban Rubén Darío, Roberto J. Payró, Roca, Carlos Pellegrini y Domingo Faustino Sarmiento. Fue el primero en dar funciones gratuitas y los chicos lo adoraban. Cada vez que él les lanzaba golosinas le gritaban: «A mí, a mí Flan Blon», porque su payaso se llamaba igual que él. En cambio, Pepe Podestá era «Pepino el 88».

P.: ¿Brown no tenía problemas con el idioma?

A.P.: Sí, pero aprovechaba su mala pronunciación como recurso cómico. El fue uno de los primeros payasos políticos.

P.: ¿Como Pepe Podestá?

A.P.:
A Podestá se lo define como el «primer Tato Bores» o «el primer Enrique Pinti» del teatro argentino. Además, protagonizó «Juan Moreira», nuestro primer drama criollo; pero no nos olvidemos que era uruguayo porque siempre nos apropiamos de lo que más nos conviene.

P.: ¿Qué hubo de cierto en ese triángulo amoroso?

A.P.: Rosita estaba casada con un hermano de Pepe, Antonio Podestá. Más tarde, se divorcióde él y contrajo matrimoniocon Frank Brown; pero, se supone que Pepe también estaba enamorado de Rosita por unos versos que le dedicó en sus memorias, que no son precisamente los que corresponderían a una cuñada.
Suárez Marzal se valió de este incidente para fabular toda esta historia.

P.: ¿Cómo fue el divorcio entre Rosita y Antonio?

A.P.: Muy parecido al de Pampita y Barrantes e igual de publicitado. Las acusaciones fueron las mismas: que ella era muy fácil, que él era un mantenido... Según contó Beatriz Seibel, la mejor historiadora de teatro argentino, el acta de divorcio de Rosita y Antonio tiene todas estas particularidades. El la destroza a Rosita, Frank habla pestes de los Podestá... Lo que se dice un verdadero escándalo.

Entrevista de Patricia Espinosa

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