12 de enero 2002 - 00:00

"La realidad es tan crítica que es necesario evadirse"

Héctor Larrea
Héctor Larrea
En el segundo programa de «Tres por tres», que emite América los jueves a las 22, el conductor confesó: «Ojalá que este programa dure años, aunque me conformo con meses... y hasta con semanas». Héctor Larrea, al frente de un nuevo ciclo de preguntas y respuestas, no pudo disimular la incertidumbre que imprime la crítica situación económica a toda actividad. Convocado por «GR Producciones», productora independiente que hace su primera experiencia en TV, Larrea aceptó sumar esta propuesta a su probada trayectoria dentro del género («Dígalo con mímica», «Cien pesos por segundo», «Juegos de entrecasa», «Calculín y la familia» y «Seis para triunfar» entre otros), sin abandonar su labor en radio. Justamente en la radio («Rivadavia», donde conduce su clásico «Rapídisimo»), Larrea dialogó con este diario. Se refirió no sólo a los programas de entretenimientos que abundan hoy en nuestra pantalla chica sino que también habló de la crisis que enfrenta la televisión como negocio.

Periodista: Para muchos de los ciclos estilo «Tres por tres» que se están viendo se compraron los derechos a productoras extranjeras. Parece que el género volvió a ponerse de moda.


Héctor Larrea:
Yo hice toda la vida este tipo de programas, y en todas las épocas interesaron. Además, ésta es una idea argentina y es buena. Fuimos a América con una coproducción donde la productora pone todo el dinero para los gastos y el canal pone fierros y el espacio. Después se dividirán las ganancias que probablemente haya porque hemos hecho un contrato por tres meses y se verá cómo anda. Creo que lo que engancha al público de estos programas es que juega desde su casa, así como cuando escucho una canción cuyo nombre no se anuncia, juego a adivinarlo, como si fuera a responder en

«Odol pregunta».

Como en televisión tengo alma de espectador y en radio tengo alma de oyente, uno se hace su propio desafío y su propio puntaje. Hoy vivimos una realidad más crítica que nunca y es necesario evadirse, en el más sano de los sentidos digo evadir. Siempre creí en lo lúdico porque le da a la gente la fuerza para salir al otro día. A la noche, es mejor ver un programa divertido, una película cómica o leer un libro gracioso y no estar escuchando «Este país está quebrado, no salimos más», etcétera. Porque te vas a dormir con una sensación...

P.: Estos días el bombardeo de información está compitiendo seriamente con la «evasión».


H.L.:
Es cierto que en este momento la realidad es reflejada por la pantalla chica mucho
más que en otras épocas. La televisión está fuertemente informativa, a veces es tanta la información que uno entra en sobredosis. Yo resolví desenchufarme y absorber la dosis necesaria.

P.: En 50 años de televisión argentina, da la sensación de que la técnica ha evolucionado más que el contenido ¿Qué opina al respecto?


H.L.:
Los géneros son siempre los mismos y cuando no hay plata, hay que recurrir a la creatividad para poder sobrevivir, lo cual no es malo para ejercitar la neurona. Si se dispone de todo el dinero para contratar y producir, uno se rompe menos, cuando no hay plata, hay cosas que hacíamos antes que ahora debemos eliminar. Antes la radio era un extraordinario negocio, hoy hay que arreglárselas con nada.

P.: ¿Y en cuanto a la tecnología?


H.L.:
Yo con eso no voy, hay gente que se encarga con lo cual no me ocupo ni me pregunto cómo se hace. Lo único que hago con Internet es escribirle cartas a una hija mía que vive en Finlandia. No me preocupa Internet, tengo alguien que me baja cosas que me interesan. La vida es demasiado rica como para perder horas frente a una pantalla de computadora, prefiero pasear, tomar sol o charlar con un amigo. No me interesa saber tantas cosas, me basta con lo que yo veo, camino, converso y escucho. Como Internet es muy libre, hay mucha chantada, cualquiera escribe algo y lo firma como si fuera Tolstoi.

P.: Desde su vasta experiencia en la conducción, ¿cómo ve el fenómeno de conductores improvisados que animan los programas actuales?


H.L.:
Desde que empecé en Canal 13, en 1977, siempre se buscaba al cantante de moda, al conductor joven, los modelos conductores no son un fenómeno nuevo. A mí no me importa que sean jovenes, viejos, modelos, vedettes o que salgan de «Gran hermano» o de una bailanta. Lo primero que evalúo es si llega a la gente. Y si llega, su participación está justificada. Creo que es legítimo que los canales prueben, si no se quedarían siempre con los clásicos. Hay otros países que son más conservadores en eso, Estados Unidos, Chile o Francia prueban poco y contratan siempre a los mismos, que tienen éxito garantizado. En España, como en Argentina se ensaya más.

P.: ¿A dónde va la televisión?


H.L.:
Dependerá de cómo vayan oscilando las exigencias de la gente, que por ahora no son muy elevadas. Se ha comprobado que es muy difícil nivelar para arriba, es más fácil hacerlo para abajo y en épocas de crisis, no queda otra posibilidad que apuntar a lo seguro, o sea, a la masa. Eso es un inconveniente para los creativos, que podrían hacer cosas para elevar el nivel de la televisión pero no lo hacen porque hay que juntar gente. Todos tenemos una gama amplia de requisitoria interna: vibramos con cosas altas, elevadas, sutiles y bellas, como con las cosas más deplorables y bajas, como una pelea entre una hija que protesta porque la madre se acostó con su marido. Allí estamos en el chisme, en el voyeurismo, que lo único que hace es incentivar el morbo.

P.: O sea que aquello de que «la televisión debe informar, educar y entretener» es una pretención utópica..


H.L.:
Por ahora, no creo que el medio pueda ser un vehículo educativo o de formación cultural, creo que la base fundamental de la televisión es el entretenimiento. Y con eso califico también a noticieros y a periodísticos, que apelan cada vez más a la dramatización.

P.: Su nombre es excluyente cuando se piensa en las figuras que hicieron la radio y la televisión ¿Usted siente ese reconocimento?


H.L.:
En exceso. El programa que hago en Radio Rivadavia, «Rapidísimo» está cumpliendo treinta y tres años, aunque lo sienta como si lo hubiera empezado el mes pasado. Pero mis huesos y mis músculos tienen treinta y tres años de radio y 63 de edad.

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