Creada en 2000, mediante una ley provincial que fijó su presupuesto y sentó las bases del llamado a concurso para integrar sus filas y elegir al director titular, la Orquesta Sinfónica de Salta se llenó de músicos inmigrantes de los países del Este, sobre todo de la ex URSS, y la dirige un venezolano. Asistimos a su concierto inaugural en la capital norteña en aquella oportunidad, y entre que sus miembros estaban aprendiendo castellano y buscando casa para vivir, entre otras distracciones, el concierto a sala cerrada no fue una maravilla; tampoco el que hicieron al aire libre, con Eduardo Falú como solista, quien padeció las inclemencias de un clima y un viento helados, lo mismo que el público. Parece que todo fue superado, ya que su reciente presentación en el Teatro Colón fue un concierto de muy buena calidad, en el que se logró finalmente ejercer el lenguaje universal que es la música, además de mostrar un buen resultado del trabajo conjunto con el director Felipe Izcaray.
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Bien acentuada y rítmicamente resuelta fue la «Obertura para el Fausto Criollo» que Alberto Ginastera escribió después de la lectura del olvidado libro costumbrista de Estanislao del Campo. También muy satisfactoria la ejecución de «Sensemayá» de Silvestre Revueltas, colorida y vigorosa estampa inspirada en el folklore mexicano.
Interpretaron, además, «Santa Cruz de Ipacairigua» de Evencio Castellanos, recopilador y hábil orquestador polirrítmico y bitonal; en su obra se destacó el típico vals venezolano, tambores aborígenes y hasta la interpolación inteligente de algún canto gregoriano.
Poderío
La obra central para mostrar el poderío de la Sinfónica de Salta fue «Cuadros de una Exposición» de Moussorgski, que habíamos escuchado días antes por la Filarmónica de San Petersburgo. Fue evidente la disciplina y el compromiso asumido al abordar una obra de tamaña grandeza, donde sobresalió la buena afinación del conjunto, la precisión en los bronces y maderas así como el sonido homogéneo de las cuerdas. Es de lamentar la falla de la tuba en el cuadro «Bydlo» y es de elogiar la solemne estrada en «La Gran Puerta de Kiev».
Anunciada por el el director como un «saludo a todos los salteños presentes», interpretaron la «Zamba del Carnaval» de Gustavo «Cuchi» Leguizamón, en un arreglo tan sofisticado que difícilmente le hubiera gustado al ilustre compositor.
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