17 de agosto 2001 - 00:00

La tecnología es estupenda herramienta de Silvia Rivas

Videoinstalación de Rivas.
Videoinstalación de Rivas.
(16/08/2001) La relación de Silvia Rivas con el agua no es nueva. En 1998, en su segunda exposición individual «Imagen y semejanza» en la Galería Der Brucke (donde ya había expuesto en 1995) intentamos definir su obra recurriendo a palabras como levedad, limpidez, una transparencia acuosa.

Tanto el agua como el tiempo, también presente en el conjunto de su obra, constituyen el eje temático de la extraordinaria exposición que ocupa la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta hasta el 20 de agosto. El crítico Jorge López Anaya señala que su propuesta pudo figurar a la par de las producciones videográficas internacionales en la actual Bienal de Venecia y quienes la hemos visitado nos atrevemos a asegurar que hasta sobrepasa a aquellas exhibidas de algunos grandes de esta disciplina como Gary Hill o el admirado Bill Viola.

La beca otorgada por la John Simon Guggenheim Memorial Foundation le permitió acceder a la utilización de una parafernalia tecnológica compuesta de doce proyectores, cuatro monitores, manipulación digital en DVD y sonido, que está al servicio de «Notas sobre el tiempo. El tiempo como escenario», título de una rigurosa puesta en escena y concreción de las ideas que ha desarrollado en estos años.

Esta video-instalación logra que el contemplador participe con su cuerpo al entrar y salir de los diferentes espacios, todos sus sentidos están en estado de alerta, situaciones inesperadas lo sorprenden. Hay un ritmo vertiginoso, quebrado de tanto en tanto, por la poética imagen del agua que acaricia la orilla. El agua invade, retrocede, la lluvia la transforma en cataratas teñidas de rojo. Hay una secuencia memorable en la que penetra en espacios sin salida, y en el instante las borra». Clausura el 20 de agosto.

* En un acto celebrado en el Museo de Arte Decorativo, la Academia Nacional de Bellas Artes entregó el Premio Gratia Artis a dos personalidades relevantes de nuestra cultura, Celina Aráuz de Pirovano y Samuel Paz. Decana de las decoradoras argentinas, Celina Aráuz de Pirovano, conoció en París a Matisse y Picasso, frecuentó entre nosotros, a Emilio Basaldúa, Carlos de la Cárcova y Xul Solar. Casada con Ricardo Pirovano creó con su cuñado Ignacio Pirovano, primer director del Museo de Arte Decorativo, la firma Comte que marcó un rumbo en el diseño de muebles de estilo nacional. En una época en que los diseñadores no dejaban su identidad en sus creaciones, trabajó junto a Alejandro Bustillo, Clorindo Testa, Eduardo Sacriste, Amancio Williams, entre otros destacados arquitectos. En 1960 fundó el Grupo Charcas que realizó obras muy significativas. Actualmente continúa su labor emprendida hace más de 60 años con el mismo fervor y creatividad que también vuelca en refinadas pinturas.

El artista plástico y miembro de la Academia, Alejandro Puente, recibió el Premio en nombre de Samuel Paz, ausente por enfermedad. Nacido en 1926, comenzó desde muy joven su vinculación con las artes plásticas. Fueron sus tutores, Romero Brest y Julio Payró. Participó del comité de redacción de la prestigiosa re-vista «Ver y Estimar» y fue director adjunto del Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella. Ha participado como jurado en la Argentina y en el exterior, de selección de artistas ante las Bienales de San Pablo y Venecia así como en la Fundación Antorchas, Fundación Fortabat y en el Ministerio de Relaciones y Culto.

Actuó como consultor en la Exposición de Arte Latinoamericano organizada en 1994 por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Hombre de consulta, por su gran sensibilidad y respetado por la comunidad artística, pertenece a la comisión directiva de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes desde hace 38 años.

En el mismo acto, la Academia Nacional de Bellas Artes presidida por la profesora
Rosa M. Ravera, recibió como nuevo académico de número al profesor y crítico de arte Osvaldo Svanascini.

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