Semanas atrás, el Gobierno uruguayo repudió la última película de Steven Seagal. Es que, filmada en Budapest, esta aventura fantástica no demasiado sumergida (por suerte sólo parte de la acción tiene lugar en un submarino) muestra nuevos clichés alrededor de la imagen hollywoodense del típico pais sudamericano.
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Montevideo esta llena de narcos, la embajadora estadounidense es asesinada, y los botijas mercenarios andan libres de hacer cualquier diablura en esa tierra de nadie con campesinas dignas de pastores más juveniles que el pobre Seagal. Desde que se sumergió sin retorno en el cine clase B, el astro karateca supuestamente ex miembro de la CIA hace películas mas entretenidas que en los tiempos en los que trabajaba para estrenar sus films en pantalla grande. Anthony Hickox -hijo del más afortunado Dougklas Hickox- es conocido por secuelas como «Hellraiser III», y al menos en esta absurda aventura mercenaria-uruguaya de Seagal mezcló a buenos actores como Vinnie Jones («Snatch») y Nick Brimble -el Frankenstein de Roger Corman- en un delirio lleno de efectos digitales y escenas de acción tan irrazonables como divertidas. En síntesis, una película destinada al mercado del video y el DVD, sin otro bonus que un par de trailers y sin más trascendencia que la que le dieron los funcionarios orientales. D.C. Informate más
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