27 de junio 2005 - 00:00
Laborioso Iommi expone y hace trabajar al público
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Enio Iommi: «Basta de premios, basta de artistas bebés que
hacen tonterías, basta de pensar sólo en el mercado», dice
a sus casi 80 años, mientras dicta una clase magistral.
«Enio Iommi, yo, empiezo con el arte concreto, y eso fue en el año 1945», cuenta en el catálogo. Integrante desde esa fecha del movimiento Arte Concreto Invención, siempre se diferenció del grupo por resistirse a redundar en la fórmula que lo consagró, repetida casi sin variaciones por el resto de los integrantes.
Sin relato alguno, Iommi habla con ironía y sarcasmo de la historia a través de sus hierros retorcidos, sus piedras anudadas con torturados alambres, o dos cubos que pese a su inestable equilibrio son la viva imagen de la solidez. Su discurso adquiere distintos matices cuando pinta un bloque de madera en dramático color rojo, o cuando los palos y hierros que sobresalen de su «Estructura espacial», parten como rayos en distintas direcciones generando la sensación de un caos multiforme. De este modo revela el doloroso paso de la utopía que inspiró a su generación, a la antiutopía de las últimas décadas.
De la utopía queda la belleza de sus juegos con el espacio, las curvas de acero que se enrulan y lo envuelven, las blancas líneas rectas que se entrecruzan en el lugar preciso, o su «Plasticidad en el plano» (1969), ese mismo plano que el artista recorta para doblarlo, plegarlo y convertirlo en un objeto estético. Pero lo destacable frente a esta obra que deleita con su gracia, es que con su afán expresivo y sin compasión alguna, la somete sin piedad a violentas transformaciones «para expresar la realidad, la decadencia, la entronización del mal gusto de la gente», según sus propias palabras.
El compromiso del artista con la actualidad, no le da tregua ni le permite envejecer; lúcido, la reinterpreta y la exhibe con una intensidad y una elocuencia que no dejan de sorprendernos. Pero, justamente, el mensaje soslaya la obviedad, y la importancia de la obra radica en que funciona como eficaz estímulo a la percepción: se abre como una flor frente al espectador con toda su diversidad de sentidos, y lo tienta a interpretarla.



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