27 de junio 2005 - 00:00

Laborioso Iommi expone y hace trabajar al público

Enio Iommi: «Basta de premios, basta de artistas bebés quehacen tonterías, basta de pensar sólo en el mercado», dicea sus casi 80 años, mientras dicta una clase magistral.
Enio Iommi: «Basta de premios, basta de artistas bebés que hacen tonterías, basta de pensar sólo en el mercado», dice a sus casi 80 años, mientras dicta una clase magistral.
El cierre de la exposición antológica del escultor Enio Iommi, «De la utopía a la antiutopía», que desde abril presenta el Museo de Arte de la Universidad Tres de Febrero (Caseros), estaba programado para finalizar a principios de junio, pero por segunda vez se ha prorrogado. La muestra, aunque las obras presentadas no son tantas como era dable esperar, pues la trayectoria de Iommi abarca media centuria, acaba representándolo de modo contundente. Se advierte la habilidad de la curadora Mercedes Casanegra, y el inteligente montaje de Gustavo Vázquez Ocampo.

El recorrido es breve pero alcanza para conocer y, sobre todo, reconocer una estética inconfundible, que quedará con seguridad grabada en el ojo del espectador. Esta exposición ofrece un plus invalorable: el contacto casi cotidiano con el artista, que se aquerenció en la Universidad.

Desde el día del vernissage, Iommi se ha dedicado a hacer lo que más le gusta -después de trabajar en su obra-, que es hablar del arte y del contexto sociopolítico que rodea la creación; es decir, expresar lo que piensa, siente y observa de modo franco y, en ocasiones, hasta brutal. «Basta de premios, basta de artistas bebés que hacen tonterías, basta de pensar sólo en el mercado», dice en tono admonitorio a sus casi 80 años, mientras dicta una clase magistral.

• Actividades

Desde la inauguración se sucedieron las conferencias y charlas del artista con el público, pero -como si esto le resultara poco-, la semana pasada convocó un grupo de alrededor de 40 personas para que metieran sus manos inexpertas en la masa; las puso a trabajar, les enseñó cómo se acomodan las formas en el espacio y le dio una escultura suya al que puso mayor empeño.

«Enio Iommi, yo, empiezo con el arte concreto, y eso fue en el año 1945»,
cuenta en el catálogo. Integrante desde esa fecha del movimiento Arte Concreto Invención, siempre se diferenció del grupo por resistirse a redundar en la fórmula que lo consagró, repetida casi sin variaciones por el resto de los integrantes.

En 1947 comenzó a utilizar vidrio y materiales descartables, luego, adoquines, trapos, plásticos, y aún así ha mantenido a través de los años la armonía de las formas y las líneas aerodinámicas características de las obras que consolidaron su fama. Pese a la diversidad, la exposición torna evidente la fidelidad del artista con materiales que se reiteran a través de los años, como el mármol, los metales plateados y los adoquines, al igual que -con escasas excepciones- el respeto a la abstracción.

Sin relato alguno,
Iommi habla con ironía y sarcasmo de la historia a través de sus hierros retorcidos, sus piedras anudadas con torturados alambres, o dos cubos que pese a su inestable equilibrio son la viva imagen de la solidez. Su discurso adquiere distintos matices cuando pinta un bloque de madera en dramático color rojo, o cuando los palos y hierros que sobresalen de su «Estructura espacial», parten como rayos en distintas direcciones generando la sensación de un caos multiforme. De este modo revela el doloroso paso de la utopía que inspiró a su generación, a la antiutopía de las últimas décadas.

De la utopía queda la belleza de sus juegos con el espacio, las curvas de acero que se enrulan y lo envuelven, las blancas líneas rectas que se entrecruzan en el lugar preciso, o su
«Plasticidad en el plano» (1969), ese mismo plano que el artista recorta para doblarlo, plegarlo y convertirlo en un objeto estético. Pero lo destacable frente a esta obra que deleita con su gracia, es que con su afán expresivo y sin compasión alguna, la somete sin piedad a violentas transformaciones «para expresar la realidad, la decadencia, la entronización del mal gusto de la gente», según sus propias palabras.

El compromiso del artista con la actualidad, no le da tregua ni le permite envejecer; lúcido, la reinterpreta y la exhibe con una intensidad y una elocuencia que no dejan de sorprendernos. Pero, justamente, el mensaje soslaya la obviedad, y la importancia de la obra radica en que funciona como eficaz estímulo a la percepción: se abre como una flor frente al espectador con toda su diversidad de sentidos, y lo tienta a interpretarla.

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