14 de noviembre 2002 - 00:00

"Las cuatro plumas", vistosas y añejadas

Las cuatro plumas
"Las cuatro plumas"
«Las cuatro plumas» («Four Feathers», EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: S. Kapur. Int.: H. Ledger, W. Bentley, K. Hudson, D. Hounson y otros.

"Las cuatro plumas" es una película vistosa, bien vestida y bonita, pero de realización poco explicable. Hasta «Montecristo» parece moderna a su lado. La historia es incurablemente anacrónica: un canto a las glorias del imperio británico y al coraje de luchar (salvo que uno empiece a tratar de detectar, de manera un tanto paranoica, algún tipo de mensaje subliminal, pero para eso ya existen unos cuantos nuevos Rambos mucho más tecnológicos y ultrasofisticados).

Las dos primeras versiones de esta novela de A.E.W. Mason datan del período mudo (1915 y 1921). La primera del sonoro (1929) la hicieron quienes después serían el director y la estrella de «King Kong» ( Merian Cooper y Fay Wray respectivamente), y la más famosa, con Ralph Richardson, fue dirigida por Zoltan Korda en 1939. Después de casi 40 años, en 1977, la volvieron a hacer para TV con el por entonces famoso intérprete del Jesucristo de Zeffirelli, Robert Powell, y parecía que era la última hasta ahora.

La historia es la del joven y elegante oficial británico Harry Faversham (Wes Bentley) que renuncia al ejército cuando su regimiento, luego de la rebelión en Sudán en 1898, debe ir a aplastar a los nativos. En ese momento, recibe las cuatro plumas blancas, símbolo de la cobardía, que le envían tres de sus amigos y camaradas de ejército, y su propia novia (Kate Hudson). El padre lo desconoce, la sociedad lo aparta. Sin embargo, todos ignoran que él viaja para cumplir una misión heroica de manera secreta. O sea, una película que no tiene nada que ver con el «Gandhi» de Sir Richard Attenborough.

Lógicamente, entre los retoques políticos que atravesó el libro, y que difieren de la tradición, no son detalles menores la creación de un personaje positivo, negro, y un ansioso intento por caracterizar a la novia como una chica con ciertas contradicciones en lugar de una bruja que lo quiere peleando por las colonias y no en casa junto a ella al lado de la chimenea. En fin, hay bellos momentos de baile imperial, una buena escena de batalla, carruajes, sedas y uniformes. Habrá que esperar ahora la nueva versión de «Beau Geste» y «Sandokán».

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