18 de marzo 2004 - 00:00

Las habituales recetas simples de la izquierda

Pino Solanas tiene un problema técnico, incluso para una visión de la izquierda. Cree que la justicia tiene que determinar que la deuda externa argentina de casi 170.000 millones de dólares es ilegal y, consecuentemente, no pagarla. Luego, y a partir de la liberación de este pago, que el país podrá crecer y desarrollarse. El argumento para que el Poder Judicial pueda determinar una situación semejante es simple: los intereses que se pactaron para esa deuda eran usurarios y en la Argentina hay muchos pobres. Y que existió una gran y oscura alianza entre los políticos, militares, banqueros y grupos empresarios que mantuvieron a los argentinos bajo una tremenda mentira. Así de simple.

«Memorias del saqueo»
nace de este problema técnico de Solanas, y de su convicción en que todos los problemas económicos y políticos del país de la década del 90 responden a la alianza oscura del «establishment» para continuar pagando la deuda a costa del desarrollo. No se detiene un momento Solanas a analizar lo que sucedería en el país con la falta de crédito, cierres de mercados y de quiebras en el sector privado si se hiciera lo que pide.

Lamentablemente esta posición, y el cierre blindado que hace Solanas de esta ideología sobre la deuda, convierten al mensaje de la película en un simple panfleto. No se salva ningún banco o empresa privada. Prácticamente todas son mencionadas, sin especificar bien por qué y qué tienen que ver con la generación de la deuda. Incluso son culpables del destino trágico del país las empresas que, según el propio Néstor Kirchner, deben formar parte del nuevo establishment e industriales nacionales que garantizarán, según el presidente, el crecimiento económico.

Aparece un largo segmento donde se critica duramente la privatización deYPF, asegurando que con esta operación se perdió la soberanía y se terminó con esa empresa. No se mencionan los números de YPF como empresa estatal cuando se conocía mundialmente como la única compañía petrolera con pérdidas. No se mencionan las sobrepoblaciones de empleados públicos que subsidiaba la empresa, cuyo déficit se pagaba con fondos que luego generaron deuda pública. En la película se propone reestatizar de plano el petróleo, lo que se lograría sin consecuencias ni para la producción, el consumo o la inversión, y que una decisiónsemejante nos llevaría al desarrollo.

No se pregunta Solanas de dónde saldría el crédito necesario (en un país que dejó de pagar su deuda porque la consideró ilegal), para poder desarrollar el sector energético ya reestatizado. La conclusión de la tesis de Solanas es que no todo se perdió para siempre, ya que «los bienes concesionados pueden volver a ser del Estado». Frase complicada para Kirchner.

Sostiene que el cacerolazo de diciembre de 2001 que tumbó a De la Rúa fue una manifestación de los argentinos que se dieron cuenta de que se debe terminar con la Argentina capitalista en lugar de una manifestación de abatimiento por el corralito y cansancio contra un gobierno como el aliancista. Solanas tiene casi la misma idea del piquetero Pitrola cuando dice que la Argentina se acercó en esos días al proceso revolucionario.

Y una perla: Armando Vidal, cronista parlamentario de «Clarín», aparece en la película asegurando que la mayoría de las privatizaciones de la era Menem fueron mediante coimas, sin recordar que precisamente el grupo «Clarín» obtuvo «Canal 13» en esos años y luego la concesión de la telefonía celular en el interior del país.

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