20 de febrero 2003 - 00:00

"LAS HORAS"

«Las horas» (The hours, EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: S. Daldry. Guión: D. Hare sobre novela de M. Cunningham. Int.: N. Kidman, M. Streep, J. Moore, E. Harris, T. Collette y otros.

A parte de ser uno de los favoritos del Oscar, este film tiene tres públicos posibles. En primer lugar, los admiradores del libro de Michael Cunningham en el que se basa, ganador del Premio Pulitzer y generador de devotos en todo el mundo. Entre ellos Pedro Almodóvar, quien lo recomienda en entrevistas y lo exhibe arriba de una mesa en una escena de «Hable con ella». Otro sector son los lectores de Virginia Woolf, ya que la novela y su adaptación fílmica la tienen como personaje (el argumento muestra la influencia de su novela «La señora Dalloway» en dos mujeres de épocas posteriores). El grupo que excluye a los unos y los otros probablemente reciba la película con menos expectativas -y prejuiciosque los precedentes.

Quien leyó el libro sabe que lo más logrado es su estructura. Mediante capítulos separados que al mismo tiempo van relacionando a los personajes, el autor hace un pormenorizado relato de un día en la vida de tres mujeres. Ellas son Virginia Woolf en sus últimos momentos, un ama de casa insatisfecha de los años '50 y una editora lesbiana de nuestro tiempo que prepara una fiesta para un amigo escritor enfermo de sida, en una versión moderna de «La señora Dalloway», que también transcurre en un solo día. La novela de Cunningham, además, es un elaboradísimo homenaje al estilo y los temas de Woolf con abundantes pistas de otras obras como «Un cuarto propio» o «Al faro».

En cuanto a los asuntos que trata, ya es todo un dato que el guión de David Hare haya deja-do de lado el tema de la homosexualidad -eje central de la novela que adapta-, y con ello varios personajes interesantes. Pero, como producto independiente, el mayor problema es justamente la estructura con la que se intenta remedar la del libro. Lo que en éste fluye perfectamente, en la película se transforma en un corset que, por un lado, dificulta la comprensión de los hechos (sobre todo en la primera parte, donde se marea al espectador con una sucesión de escenas de las tres vidas, que avanzan y retroceden no sólo en el tiempo en que transcurren dichas vidas sino en cada historia en sí misma) y por otro, impide la emoción.

Por eso, las actuaciones son lo mejor de la película, es decir lo que la hacen recomendable. La composición que realiza Kidman de Virginia Woolf supera ampliamente la nariz postiza a la que se arriesga. Al respecto, son ya admirables los riesgos que asume Kidman, filmando, por caso, con un español «anti industria» como Alejandro Amená bar, o con quien sea, si le in-teresa el papel. Generalmente sale airosa. En este caso, también, porque poco a poco se va sacando de encima el estereotipo para descubrir la humanidad del ícono.

Es que la parte consagrada a Virginia Woolf (donde se logra dar una poderosa imagen a la escena de su suicidio mil veces imaginada por sus lectores) es inevitablemente explicativa, y lleva a situaciones improbables como la discusión entre la escritora y su marido, el protector Leonard Woolf, a los gritos, en una estación de trenes, por más que sea útil para ilustrar sobre los tramos más dolorosos de la vida de Virginia y su pelea con la locura. En otra escena, un beso non sancto sugiere el amor incestuoso de Virginia por su hermana Vanessa ( Miranda Richardson), pero se lo penaliza con una reacción escandalizada de la destinataria.

Meryl Streep
(la editora) luce muy en papel como siempre, pero es verdad también que tiene a su cargo el fragmento más «realista» por su cercanía en el tiempo. Además, Streep y Kidman tienen interlocutores, mientras Julianne Moore, como la madre y esposa desdichada, sólo debe vérselas con la mirada requiriente de su hijo de tres años y la ciega negación de su marido. En la novela la angustia existencial de esta mujer se lee en un ingente número de páginas (quizás las más profundas); en la película hay que leérsela en la cara a la actriz, y Moore se deja leer de un modo arrasador, aun bajo una espesa capa de maquillaje.

• Justicia

Al premiar por igual a las tres actrices protagónicas, el jurado del reciente Festival de Berlín fue más justo que los miembros de la Academia de Hollywood, quienes -por evidentes razones de marketing-pusieron a Kidman a competir por el Oscar a la mejor actriz principal, mientras Moore lo hará en el rubro actriz secundaria y Streep quedó afuera, al menos por esta película.

En el elenco también se destacan
Ed Harris como el amigo enfermo de Streep, y especialmente Toni Collette («El casamiento de Muriel», «Sexto sentido»), aunque su interpretación al borde de lo kistch está totalmente fuera de registro en un film que hace de la sobriedad y las emociones contenidas casi un apostolado. Ojalá el director Stephen Daldry se hubiera permitido más cosas como ésa en su obsesiva búsqueda de lo trascendente.

A favor del realizador inglés (el mismo de
«Billy Elliot»), debe decirse que aun con las concesiones a la industria, si su película balbucea unos cuantos temas impensados en el Hollywood habitual, es por medio de las actuaciones. Como si a través de ellas, Daldry quisiera expresar, aunque sea subliminal-mente, lo que el guión oculta, diluye o directamente ignora. En ese sentido, acierta al abundar en primeros planos de los protagonistas con una cámara que hurga. Y encuentra.

Otro mérito de
Daldry es haberle dado un marco apropiada a los magníficos textos de Virginia Woolf que, aunque escasos, invitan a leerla. En eso sí, la película coincide plenamente con el libro.

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