Raymond Chandler «El simple arte de escribir. Cartas y ensayos escogidos» (Bs. As., Emecé, 2004, 322 págs.) E l autor de «El sueño eterno»,«El largo adiós», novelas que superan el rótulo de policiales, era un escritor compulsivo. Solía dictar sus cartas a un grabador, tarde en la noche, mientras bajaba una botella de whisky. Al día siguiente su secretaria mexicana las pasaba a máquina. Esas cartas, una mínima parte aparecen en esta selección, son para el editor de la obra, «un viaje insólitamente libre a la mente de un hombre que había visto mucho, leído mucho, pensado mucho, y en el proceso se había acercado peligrosamente a la locura».
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Nacido en Chicago en 1888, hijo único de una irlandesa y un ingeniero itinerante de ferrocarril nacido en Pennsylvania, Raymond viajó a los 7 años con su madre a Irlanda, luego de que sus padres se separarán. Su vida, hasta los 39 años, fue una sucesión de viajes, estudios y los trabajos más diversos: de encordador de raquetas de tenis a gerente en una compañía petrolera. Cuando por su alcoholismo lo echaron de esa empresa, empezó a escribir en revistas policiales. En 1939 publicó su primera y consagratoria novela, «El sueño eterno», donde aparece el detective Philip Marlowe, que será encarnado en el cine por Humphrey Bogart. Unos años después la pobreza había desaparecido gracias a Hollywood, donde fue guionista, y se compraba una mansión en San Diego.
Esta antología de cartas, poemas y notas va de los malos versos que publicó a los 21 años al fascinante encuentro que tuvo en Nápoles, poco antes de su muerte, con Lucky Luciano. Reúne cartas a escritores, a agentes literarios, directores y productores de cine, donde no ahorra sarcasmos ni antológicas frases cargadas de ingenio, por caso: «la mayoría de los escritores tienen el narcicismo de los actores sin su belleza ni su encanto» o «para mis novelas hago mucha investigación, especialmente en los departamentos de rubias altas». Se enoja con la versión que William Faulkner hizo de «El largo adiós», comenta secuencias fílmicas con Alfred Hitchcock o crítica al director de «Psicosis» por despreciar al trabajo del guionista. Chandler fue un apasionado defensor de los derechos de autor. Políticamente republicano, pensaba «que un hombre decente pueda volverse comunista está casi más allá de toda comprensión», a la vez no dejó de cuestionar duramente el maccarthysmo. Manuel Soler Herrera
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