29 de noviembre 2001 - 00:00

Las razones de mis amigos

Escena del film
Escena del film
«Las razones de mis amigos» (España, 2000, habl. en español). Dir.: G. Herrero. Guión: A. González-Sinde, sobre novela de B. Gopegui. Int.: M. Belaustegui, J. Joan, S. Calleja, L. Dueñas, P. Gómez, A. Duato.

A cierta altura de este film, alguien propone mudarse a una casa en un pueblo vecino. «Eso está lleno de nuevos ricos horteras de derechas», «¡Y de izquierdas!», es la conversación. El detalle oculto, es que la mujer prestó -sin consultar- el dinero necesario para la seña. Ergo, se hace la que no le gusta la casa. «Me molesta que desde antes de llegar no quieras que te guste», dice él. «A mí me molesta que quieras que me guste», replica ella. ¿Quién no registró algo similar en su vida?

El asunto es saber llevarlo al cine, de tal modo que las cosas queden bien entendidas -preferiblemente, sobreentendidas-, con unos diálogos precisos, de esos que a uno le gustaría tener en la punta de la lengua, una ambientación que acompañe sin recalcar, como para que la registremos sólo inconscientemente, y, a manera de plus, o de trasfondo, el marco de una época. Las historias siempre se enmarcan en una época. Para el caso, la de un tiempo que se anunció de cambios y solidaridades, y se fue haciendo cada vez más falsa y distante. Pues bien, esta película, la mejor que ha hecho Gerardo Herrero hasta el momento, logra muy bien todo eso, con adecuados actores, y un planteo que es universal: qué pasa cuando, entre amigos, alguien les pide a todos un préstamo.

Incomodidades

El asunto es ése: cómo, aun sin darnos cuenta, las relaciones pueden cambiar. No importa si lo va a devolver (y que, además, lo devuelva en término): pronto surgen las incomodidades, los reproches conyugales («no me consultaste», «teníamos otros planes», y hasta «si tus amigos te van a presionar como si fueran bancos...»), y, luego, los laborales: «la puta retórica la pagan empleados y financistas», resopla un técnico a quien pasaron de empleado jerárquico a socio en cooperativa, y termina en la calle con unas pocas acciones.
Todo transcurre a mitad de los '90 en Madrid, entre una asesora de naderías, un docente medio trepador, y un pyme de computadoras, amén de sus respectivas familias, pero también puede pasar en Buenos Aires. Película ideal para seguir charlando a la salida, ya que todos son buena gente, todos nos queremos, pero cada uno tiene su parte de razón, y hay que atenderla.

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