21 de noviembre 2005 - 00:00

Laura Hidalgo fue la femme fatal de los '50

Años de esplendor: LauraHidalgo con su esposoNarciso Ibáñez Menta. Allado, afiche de «La orquídea», film escandalosopara la época (1951).
Años de esplendor: Laura Hidalgo con su esposo Narciso Ibáñez Menta. Al lado, afiche de «La orquídea », film escandaloso para la época (1951).
Víctima de un mal diagnóstico (tarde vieron que lo suyo no era artrosis, sino cáncer de huesos), murió el viernes en Los Angeles la recordada actriz Laura Hidalgo, una de las más hermosas que haya transitado nuestra pantalla. De abundante y ondulado cabello negro, y ojos claros, de mirada intensa, «La orquídea», «Armiño negro», y «Más allá del olvido» fueron sus principales trabajos.

Nacida Pesea Faerman el 1 de mayo de 1927 en Besaravia, Rumania, criada en el Once, e iniciada en la Escuela de Arte Escénico de la Hebraica (junto a David Stivel y Sergio Renán), un concurso de la revista «Antena» le hizo entrar como pareja de Armando Bo en «Su última pelea», donde también estaban José María Gatica y Eduardo Laussé. Fue precisamente Armando Bo, productor del film, quien la rebautizó Laura Hidalgo.

Enseguida fue la figura femenina de «Cinco grandes y una chica», disputó atractivos con Analía Gadé y Elina Colomer en «El morocho del Abasto» y «Juan Mondiola», y se robó la película en «Derecho viejo». Ahí empezaron sus grandes protagónicos, ya decididamente como mujer fatal, y siempre especialmente vestida por Eduardo Lerchundi: «La orquídea» (en esa época, 1951, prohibida para menores de 18 años), «El túnel», «Armiño negro», «María Magdalena», «Caídos en el infierno» y «Más allá del olvido».

También en «Derecho viejo» comenzó su romance con Narciso Ibáñez Menta, que en ese film sobre Eduardo Arolas hacía el papel de Evaristo Carriego, poeta de los humildes. Se casaron, coprotagonizaron y coprodujeron «La bestia debe morir» (ahí el malo era Guillermo Battaglia) y varias puestas teatrales, entre ellas «El fabricante de piolín», del entonces jovencito Carlos Gorostiza, y «La muerte de un viajante», de Arthur Miller.

Paralelamente, Hidalgo protagonizó en México «Las tres perfectas casadas», que le valió el premio Ariel (el mayor del cine azteca), e hizo un par de apariciones en títulos menores.

En pantalla, Gómez Cou, Carlos Thompson, Roberto Escalada, el niño Néstor Zavarce, Martínez Allende, Alberto de Mendoza,Arturo de Córdova y Hugo del Carril sufrieron por ella. En la vida real, y en pleno apogeo, fue una de las estrellas más agradables y accesibles de todo Buenos Aires.

En 1957, a los treinta años, se despidió del cine con una comedia en colores,
«Las campanas de Teresa», rodada en Humahuaca. Se despidió también de su director Carlos Schlieper (que moriría pocos meses después), de Ibáñez Menta, y del país, y se instaló en México haciendo nueva vida con su nuevo marido, el empresario Manuel Rosen.

Volvió en 1987 para presentaren Lorraine su libro de poemas
«La casa a cuestas», y recibir del Museo del Cine la Cámara Pathé como premio a su trayectoria. Ya para entonces vivía en los Estados Unidos. Una pequeña historia: en ese momento el Museo estaba funcionando justo en el edificio donde ella había hecho la escuela primaria. Fue ahí cuando decidió donar el retrato que el gran afichista Osvaldo Venturi le había pintado para una película, y donde ella está representada en todo su esplendor. Hace poco, sus nietas vinieron como turistas, y aprovecharon para sacarle muchas fotos, pero ninguna se animó a posar al lado del cuadro. Por rara casualidad, actualmente puede verse en Buenos Aires una muestra de fotos que Annemarie Heinrich les tomó a ella y a otra mujer fatal de los '50, Ana María Lynch, también hermosa, pero hierática (y mala de veras).

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