27 de junio 2006 - 00:00

Lavelli: "El Rey Lear no tiene edad"

Jorge Lavellidebió sustituira AlfredoAlcón porAlejandroUrdapilletapara su «ReyLear». Y diceque, enrealidad, «elrey no debeestarencarnadoforzosamentepor un actormayor».
Jorge Lavelli debió sustituir a Alfredo Alcón por Alejandro Urdapilleta para su «Rey Lear». Y dice que, en realidad, «el rey no debe estar encarnado forzosamente por un actor mayor».
Luego superar los más variados contratiempos y accidentes, «Rey Lear» de William Shakespeare subirá a escena el sábado 1 de julio a las 20 en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín. Las expectativas generadas ante esta nueva versión de una de las más grandes tragedias de Shakespeare, adaptada y dirigida por Jorge Lavelli, no sólo se explican por el nombre de su director sino también por las diversas complicaciones que la afectaron.

Para empezar, Alfredo Alcón abandonó el protagónico luego de unas pocas lecturas, y fue reemplazado de inmediato por Alejandro Urdapilleta, quien ya trabajó a las órdenes de Lavelli en «Mein Kampf, una farsa», de George Tabori, con muy buenos resultados.

Luego vinieron las huelgas, las trabas burocráticas que demoraron la realización del dispositivo escénico exigido por Lavelli para empezar a ensayar y, por último, un imprevisto desgarro sufrido por Marcelo Subiotto (a cargo del papel de Edmund), que obligó a postergar el estreno hasta tanto el actor no completara su rehabilitación. Roberto Carnaghi, Pompeyo Audivert, Marcela Ferradás, Gustavo Böhm, Luis Longhi y Eduardo Calvo son algunos de los otros intérpretes que integran el numeroso elenco.

«Yo nunca fui supersticioso», dice Lavelli a este diario, «aunque también hay que decir que hubo una acumulación de complicaciones nunca vista. Ahora ando con este pañuelo rojo al cuello, tengo una planta de ruda en el teatro y una gran ristra de ajos en mi casa».

Tras cuatro meses y medio de estancia en Buenos Aires, el director regresará a París, donde reside desde hace tres décadas. Allí podrá retomar su postergada agenda. En su diálogo con este diario, agregó que su versión de «Rey Lear» resalta la dualidad de todos los personajes, así como su vitalidad y su locura.

A diferencia de lo que marca la tradición, y ayudado por las imprevistas circunstancias de cambio de protagonista, Lavelli dice ahora haber optado por un elenco joven, liderado por «un Lear atemporal». Escrita entre 1605 y 1606, la obra describe el giro que sufre la vida de un monarca, orgulloso y egoísta, cuando un día decide dividir su reino entre sus tres hijas para descansar el resto de su vida. Pero dos de ellas lo traicionan sin contemplacionmes, despojándolo de todos sus bienes y honores. En su nueva condición de paria, Lear comenzará a descubrir un mundo diferente del que conocía.

Periodista: A Lear siempre se lo representa como un anciano, un rey en trámite de jubilación. ¿Cómo explica usted la elección ahora de un actor que no tiene la edad para el papel?

Jorge Lavelli.: Yo creo que la tradición ha cometido un grave error en esto. Lear no quiere dejar de ser rey, él quiere ser rey por toda la eternidad. Eso es lo que algunos no comprenden. El solo quiere desvincularse de toda la burocracia que rodea a su cargo, seguir siendo respetado como rey y disfrutar de más confort en su vida mientras otros le hacen el trabajo. Pero por suerte eso no funciona y emprende una intensa búsqueda, que es reveladora de su gran vitalidad. Lear no puede ser un viejo.

P.: ¿Cuáles son las dificultades de esta tragedia?

J. L.: Es una obra que yo he visto varias veces y que nunca he comprendido del todo, para empezar. Tiene situaciones muy artificiosas que la hacen difícilmente domesticable, y eso a mí me encanta. En Francia se hace bastante, pero siempre han prevalecidoo los criterios naturalistas, al punto de que todo se tiene que explicar. También en ese sentido esta obra resulta difícil.

P.: ¿Por qué le quita usted la exclusividad de la locura al rey y al bufón y la amplía al resto de los personajes?

J.L.: En la obra hay muchos locos; en realidad, habría que preguntarse quién no lo está. En cuanto al bufón, que aquí llamamos «el loco» porque su función no es la de hacer reír, sino que le pagan para decir la verdad, para decir todo lo que quiera sin ser censurado, aunque muchas veces irrite, no es un bufón sino un filósofo que tiene una cierta simpatía por Lear, le hace confidencias. Es un personaje que tiene un cierto misterio y curiosamente desaparece en el tercer acto sin prevenirnos. Yo creo que desaparece porque a esa altura Lear ya no tiene necesidad de tener un loco al lado que lo interprete o dé sentido a lo que dice, porque él mismo ya domina todo el abecedario de la locura.

P.: ¿Cuál sería el momento preciso en la obra?

J.L.: Cuando descubre la maldad de sus hijas, Lear queda a la intemperie, librado a sí mismo; y eso, que consolida su locura, también despierta su lucidez, porque en medio de esa tempestad que lo azota y que se corresponde con una tempestad interior, se producen fenómenos inesperados que lo llevan a admirar por primera vez el mundo que lo rodea y a imaginar una forma de justicia diferente. Curioso en él que fue un rey tan injusto.

P.: Después de haberla frecuentado tantos años, ¿cómo ve hoy a Rey Lear?

J.L.: Como una obra muy rica e imaginativa que busca muy profundo en la naturaleza humana. En ella, como en todas las obras de Shakespeare, el humor juega un papel fundamental. Aquí por ejemplo todos los personajes están al borde del grotesco. Es una obra sobre la locura, sobre la identidad y sobre la búsqueda de sí mismo. Lear es un personaje sin límites, por eso exige un actor de gran disponibilidad. No es un personaje romántico, tampoco una víctima. Sobre todo eso. No es un personaje que vaya a humillarse ni aceptar una humillación. Ese no es el carácter de Lear.

Entrevista de Patricia Espinosa

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