27 de junio 2006 - 00:00
Lavelli: "El Rey Lear no tiene edad"
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Jorge Lavelli
debió sustituir
a Alfredo
Alcón por
Alejandro
Urdapilleta
para su «Rey
Lear». Y dice
que, en
realidad, «el
rey no debe
estar
encarnado
forzosamente
por un actor
mayor».
Periodista: A Lear siempre se lo representa como un anciano, un rey en trámite de jubilación. ¿Cómo explica usted la elección ahora de un actor que no tiene la edad para el papel?
Jorge Lavelli.: Yo creo que la tradición ha cometido un grave error en esto. Lear no quiere dejar de ser rey, él quiere ser rey por toda la eternidad. Eso es lo que algunos no comprenden. El solo quiere desvincularse de toda la burocracia que rodea a su cargo, seguir siendo respetado como rey y disfrutar de más confort en su vida mientras otros le hacen el trabajo. Pero por suerte eso no funciona y emprende una intensa búsqueda, que es reveladora de su gran vitalidad. Lear no puede ser un viejo.
P.: ¿Cuáles son las dificultades de esta tragedia?
J. L.: Es una obra que yo he visto varias veces y que nunca he comprendido del todo, para empezar. Tiene situaciones muy artificiosas que la hacen difícilmente domesticable, y eso a mí me encanta. En Francia se hace bastante, pero siempre han prevalecidoo los criterios naturalistas, al punto de que todo se tiene que explicar. También en ese sentido esta obra resulta difícil.
P.: ¿Por qué le quita usted la exclusividad de la locura al rey y al bufón y la amplía al resto de los personajes?
J.L.: En la obra hay muchos locos; en realidad, habría que preguntarse quién no lo está. En cuanto al bufón, que aquí llamamos «el loco» porque su función no es la de hacer reír, sino que le pagan para decir la verdad, para decir todo lo que quiera sin ser censurado, aunque muchas veces irrite, no es un bufón sino un filósofo que tiene una cierta simpatía por Lear, le hace confidencias. Es un personaje que tiene un cierto misterio y curiosamente desaparece en el tercer acto sin prevenirnos. Yo creo que desaparece porque a esa altura Lear ya no tiene necesidad de tener un loco al lado que lo interprete o dé sentido a lo que dice, porque él mismo ya domina todo el abecedario de la locura.
P.: ¿Cuál sería el momento preciso en la obra?
J.L.: Cuando descubre la maldad de sus hijas, Lear queda a la intemperie, librado a sí mismo; y eso, que consolida su locura, también despierta su lucidez, porque en medio de esa tempestad que lo azota y que se corresponde con una tempestad interior, se producen fenómenos inesperados que lo llevan a admirar por primera vez el mundo que lo rodea y a imaginar una forma de justicia diferente. Curioso en él que fue un rey tan injusto.
P.: Después de haberla frecuentado tantos años, ¿cómo ve hoy a Rey Lear?
J.L.: Como una obra muy rica e imaginativa que busca muy profundo en la naturaleza humana. En ella, como en todas las obras de Shakespeare, el humor juega un papel fundamental. Aquí por ejemplo todos los personajes están al borde del grotesco. Es una obra sobre la locura, sobre la identidad y sobre la búsqueda de sí mismo. Lear es un personaje sin límites, por eso exige un actor de gran disponibilidad. No es un personaje romántico, tampoco una víctima. Sobre todo eso. No es un personaje que vaya a humillarse ni aceptar una humillación. Ese no es el carácter de Lear.
Entrevista de Patricia Espinosa




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