La película permuta violencia por morbidez: el paisaje de Manhattan sin las Torres, clave en este film, es el fin del sueño, el aturdimiento del alma, el escenario donde el enemigo (entendido simplemente como el «otro», no importa demasiado quién) ya no incentiva el deseo de ser pendenciero como siempre en A ese enemigo, el director dedica un extenso clip rapero donde no falta prácticamente nadie, incluyendo a los mismos negros del norte, y pasando por los taxistas griegos y árabes, los judíos ortodoxos, los asiáticos que no aprendieron inglés, los blancos intemperantes, los irlandeses, los hispanos, los italianos que sueñan con ser llamados a un casting de
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