Contar la realidad de la clase alta porteña, que en general es “zona norte”, fue el desafío que llevó al escritor que se hace llamar Loyd a escribir “Merca”, novela que, publicada por un sello independiente, no dejó de sumar ediciones y ahora es reeditada por Planeta. Si “Merca” es la historia de un joven de dinero entregado al “reviente high class”, “La mamá de Johnny” es la historia de una “señora de apellido”, divorciada, de cuidados 58 años, que busca entretenerse con juegos de alcohol y sexo, e intentos de volver a su lugar de pertenencia.
Loyd: volver la mirada sobre la (viciosa) clase alta porteña
Ambos títulos forman parte de una saga familiar que devuelve a la literatura argentina, tan sumida en lo marginal, un estrato social abandonado.
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Lloyd. El retrato de una clase tratada por Beatriz Guido y Silvina Bullrich.
Periodista: La clase alta era un sector que parecía olvidado por nuestra literatura.
Loyd: Se abordan siempre historias del conurbano, de marginales, de la Argentina empobrecida. Nadie contaba de la clase adinerada. Recordé “La potra”, novela de Juan Filloy, que se sumergía en ese universo; “María Domecq”, donde Juan Forn hace en un momento un corte de clase. Decidí contar de ese sector social abandonado por nuestra literatura actual, y escribí “Merca” cuyo protagonista es un chico de clase alta que no tiene otros estímulos que drogarse y salir por la noche a deambular por los sitios donde se junta la gente con dinero. La novela funcionó bien. Me invitaron a festivales y en la Semana Negra de Gijón mi amigo Carlos Salem, que presentó la novela, me dijo que en “Merca” había hecho un fresco de clase, y que debía contar algo más de la madre de Johnny. Cuando volví de España me puse a escribir, y la voz de Paulette, la madre de Johnny, se me hizo clara. Así salió lo que sería el spin-off o la precuela de “Merca”.
P.: Recuperó el género que volvió bestsellers a Silvina Bullrich y Beatriz Guido.
L.: No las leí, pero más de una vez me hablaron de ellas. A mí me pasó leer novelas que algún momento intentaban mostrar usos y costumbres de la clase alta y lo que contaban era falso, impostado. Me puse a investigar. Hice lo necesario para registrar el pequeño círculo de la aristocracia, si se lo puede llamar así. La verosimilitud es clave. Ante dudas, consultaba. Otro desafío fue la voz femenina, eso a Bullrich y Guido les era más fácil, yo tuve que trabajarlo. Más aún en un tiempo de cambios de paradigmas en los derechos de la mujer y sus conductas. Quería que eso estuviera, más allá de la tilinguería de Paulette. Me importó que se supieran las cosas que se dice cuando se habla a sí misma, cuando discute con su vocecita interior.
P.: Y su descaro high class cuando se define “muy putona, pero siempre una lady”.
L.: Hay una parte de ella que quiere liberarse, pero otra la mantiene siendo una señora. En un momento dice que los hombres de su generación querían una señora en la mesa y una puta en la cama. Se rebela contra eso. Después lo reivindica desde su propia voluntad y no porque le haya sido impuesto. En sus aventuras sexuales puede divertirse pero finalmente no puede prescindir de su propia clase, se mantiene fiel a su grupo de pertenencia. Le resulta inconcebible salirse de su lugar de privilegio.
P.: ¿Después de esta novela viene la del padre?
L.: Es más probable que venga la del hermano más chico. Un tipo que sigue siendo el modelo esperado. Tiene una cuota del machismo del padre, con el que compite. Tiene un problema con una mujer que lo denunció por violencia. A la vez es medio alcohólico como su madre. Tiene varios vicios de los distintos personajes, pero es un poco más joven, y en su rusticidad puede dar que hablar. No es adicto como Johnny pero no se frena en tragos ni en la impetuosidad. En las dos novelas se lo trata como el hermano menor, alguien medio quedado. En la nueva, tiene un nombre y una historia, además de la que conecta con ser parte de una prestigiosa familia.
P.: ¿Está en camino de una saga familiar al estilo de las europeas del siglo XX?
L.: El padre de la familia es interesante. Tiene empresas y está encumbrado en los más conocidos lugares de poder. Además es un pendeviejo con una nueva mujer bellísima, a la que le lleva más de veinte años.
P.: ¿Planeó que su novela fuera a la vez una guía de los lugares, modismos y gustos actuales de nuestra clase alta?
L.: Me pareció interesante poner referencias que anclaran detalles de la clase social. Para que sea verosímil la historia tienen que ser verdaderos los lugares de pertenencia, tienen que ser reales los lugares frecuentados por nuestra pequeña aristocracia porteña.
P.: ¿Por qué eligió firmar sus libros como Loyds? ¿Quiere seguir a Fogwill?
L.: A mí me llaman así desde muy chico. Cuando tenía diez años, hice un aviso publicitario para el Lloyds Bank. Parece que reflejaba la imagen que estaban buscando. Cuando el aviso salió en la tele me empezaron a llamar Loyds, y me quedó. Mi mujer, mis hijas, mi mamá, todos me dicen Loyds. En cuanto a Fogwill, soy admirador suyo. Me gustan esos nombres cortitos como Fogwill o Copi. Además mi nombre y apellido es igual desde mi abuelo así que tendría que agregar tercero, al estilo de la familia de los Benito Taibo en México.
P.: ¿“Merca” va al cine?
F.: Tenemos un piloto con la idea de una serie, hay guía de detalles, tono, elenco tentativo. Lo presentamos en K&S, la productora de Oscar Kramer y Hugo Sigman. Todavía no hay nada confirmado.



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