Nicolás Mavrakis: "Vivimos en un mundo que prohíbe lo negativo"

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Las redes proponen más felicidad y diálogo, pero hoy estamos más solos y angustiados.

El filósofo surcoreano residente en Alemania, Byung-Chul Han, se ha convertido en uno de los pensadores más influyentes a nivel global por su reflexiones sobre el poder, la tecnología, la felicidad impuesta y la reducción de libertades. En “Byung-Chul Han y lo político” (Prometeo), Nicolás Mavrakis ofrece un panorama de las ideas de Han. Mavrakis ha escrito, entre otras obras, la novela “El recurso humano” y los ensayos “La utilidad del odio” y “Houellebecq, una experiencia sensible”. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué Byung-Chul Han es hoy uno de los pensadores más destacados?

Nicolás Mavrakis: Han señaló con un lenguaje simple por qué en un mundo digitalizado que nos propone que mayor comunicación es mayor libertad, que mayor interacción es mayor felicidad, experimentamos malestar, agotamiento. Donde se nos propone todo el tiempo el discurso del “me gusta”, de compartir, de comentar, de la positividad, indica que está faltando lo que nos permita expresar el desacuerdo, el aburrimiento, las objeciones, falta la negatividad.

P.: ¿Qué lo llevó a él?

N.M.: Más que como filósofo, Han piensa y actúa como crítico. No hay detrás un gran aparato teórico sino una posición crítica ante el uso de la tecnología digital. Esa crítica la hace desde el lugar romántico de quien está en desacuerdo con lo que pasa; idealiza un pasado que pudo haber sido mejor o un futuro que podría ser mejor. No es alguien que dice lo que hay que hacer sino que expresa una situación de disconformidad. Lleva a pensar sobre el uso de la tecnología pero también sobre la política, el mundo cultural, erótico, sexual,lo que gira alrededor de la experiencia cotidiana de hoy.

P.: A Han se lo cuestiona por no ofrecer propuestas sino llevar a la vida contemplativa.

N.M.: La vida contemplativa sería conformarse con lo que hay y Han impulsa la crítica. Se demanda que el filósofo debería resolver lo que nos plantea en vez de explicarlo, cuando lo que hace es decirnos lo que no sabemos poner en palabras. Así como antes, para ejercer el poder sobre las personas, había un control sobre los cuerpos, hoy, por todo lo que volcamos a las redes, basta con controlar esa información para controlar nuestra mente. Cada vez que navegamos, leemos, miramos, compramos a través de cualquier pantalla vamos dejando rastros; información que usan las empresas y a veces los estados para prever o manipular, para no ser neutrales ante lo que mañana vamos a volver a buscar. Han marca que hay una psicopolítica, una apuesta del poder a manejar nuestros datos de forma que no podamos tener un acceso espontáneo a algo fuera del cálculo. Para Han ahí vamos perdiendo nuestra libertad.

P.: Han habla de la agonía del amor y del arte.

N.M.: Los opuestos se atraen, pero para que exista atracción debe haber una oposición, algo negativo. Y vivimos en un mundo que prohíbe lo negativo, que no admite la crítica porque la confunde con el discurso del odio. Y para que haya alguna atracción tiene que haber algo distinto, algo que amenace nuestras certezas. Han dice que si uno no sabe odiar no puede amar. Habla de la agonía del eros en un mundo en que, por más que estemos todo el día poniendo corazoncitos en las redes, sin negatividad se vuelve difícil amar a otro. Lo mismo sucede con el arte. Un arte que no es negativo, que no confronta nuestras certezas, que se pasa halagando aquello que creemos, pensamos, sentimos, eso no tiene nada de arte, más bien es publicidad. Para Han estamos en el infierno de lo igual. No se permite nada que contrarreste nuestras suposiciones, que obstaculice nuestras creencias, que nos desafíe. Y cuando eso aparece, estamos tan desacostumbrados que nos sentimos amenazados. Por eso aquel que irrumpe en las redes con algo que se sale de lo esperado no puede ser debatido sino que es censurado, prohibido, cancelado. Se lo saca de la zona de discusión. Vivimos una época donde básicamente en las redes ocurren o fenómenos de indignación que hacen que todos estemos de acuerdo en que algo está mal sin que nada cambie, o de cancelación, que elimina lo que asoma como negativo porque se lo considera discurso del odio y por tanto no tiene posibilidad de expresarse.

P.: ¿Por qué hoy interesa lo que digan filósofos como Han, Zizek, Sloterdijk?

N.M.: Tienen la virtud de poner en disputa cuestiones que están fuera de los círculos académicos. Eso tiene un riesgo, el que se dedica a la divulgación de filosofía termina haciendo libros de autoayuda. En algunos casos puede ser, en la Argentina hay unos cuantos. Pero estos pensadores tienen una forma de pensar más global y tocan intereses que los ámbitos académicos no tocan. Cuando tratan sobre lo que sucede con las redes sociales no se refieren a un entretenimiento sino que hablan de Silicon Valley, de uno de los polos de poder económico más grandes del mundo. Criticar eso es criticar uno de los centros neurálgicos del poder actual.

P.: ¿En qué está ahora?

N.M.: Dictando un curso sobre cómo Han entra en discusión con Heidegger, con el economista Thomas Piketty, con Boris Groys y el arte antes y después de internet., con Aleksandr Dugin que plantea que con la pandemia el mundo cambió y se disponen nuevos polos de poder. Además escribo una nueva novela y un libro de ensayos.

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