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"La cultura japonesa está llena de matices y de elementos que parecen incluso contradictorios"

Los editores Miguel Sardegna, escritor, y Mariana Alonso, traductora de inglés, dirigen la editorial independiente argentina también el caracol que dedica la colección "Bosque de bambú" especialmente a libros japoneses. Una charla sobre sus publicaciones, autores, y los desafíos y placeres de la literatura del archipiélago.

La literatura japonesa tiene un aura de prestigio especial. Las obras de ese país nos llegan por lo general a través de traducciones hechas en el exterior, en ediciones españolas. Las ibéricas Satori y Quaterni hacen un gran trabajo en ese aspecto, pero los ejemplares importados a veces tienen precios prohibitivos, situación que se profundizó con la devaluación post PASO.

El idioma y la traducción aparecen también con frecuencia como obstáculos para editar en el país grandes obras de esa literatura aunque ya no pagan derechos. Más allá de los clásicos famosos, el archipiélago todavía esconde un tesoro de escritores y escritoras que no vieron la luz occidental, o al menos no se editaron en castellano.

La editorial independiente argentina también el caracol dedica la colección Bosque de bambú especialmente a libros japoneses. Los editores son Miguel Sardegna, escritor, y Mariana Alonso, traductora de inglés. Son una feliz pareja que tiene un hijo y un amor compartido por la cultura japonesa.

Riichi Yokomitsu

Este año publicaron La primavera llegó en un carro tirado por caballos, de Riichi Yokomitsu (1898-1947). Se trata de la primera traducción al castellano de ese autor, gran amigo del Nobel Yasunari Kawabata, quien consideraba a Yokomitsu su par literario. En el prólogo, Sardegna explica la importancia que tuvo Yokomitsu en la generación de escritores japoneses que inauguraron el siglo XX con una literatura innovadora.

La literatura de Yokomitsu tiene varios puntos de contacto con la de Kawabata. En este libro hay cinco cuentos muy distintos en los que prevalece la visión subjetiva del narrador. Algunos relatos tienen una prosa fluida, tenue, y en otros se vuelve asfixiante, casi kafkiana.

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La canción del arrozal. Ranas, cigarras, libélulas, mariposas, luciérnagas y grillos en la poesía japonesa, de Lafcadio Hearn, y La primavera llegó en un carro tirado por caballos, de Riichi Yokomitsu.

La canción del arrozal. Ranas, cigarras, libélulas, mariposas, luciérnagas y grillos en la poesía japonesa, de Lafcadio Hearn, y La primavera llegó en un carro tirado por caballos, de Riichi Yokomitsu.

Lafcadio Hearn

Muy distintos son los ensayos de Lafcadio Hearn (1850-1904) en La canción del arrozal. Ranas, cigarras, libélulas, mariposas, luciérnagas y grillos en la poesía japonesa, con selección y traducción de Mariana Alonso. Hearn, un griego que se enamoró de Japón y se instaló allí a fines del siglo 19, plasma en sus ensayos pequeñas piezas que tratan sobre la relación de los japoneses con los insectos. Además muestra cómo era la forma de vivir japonesa antes de la veloz occidentalización, por lo que captura un instante histórico y una sensibilidad que tal vez ya no exista.

Las poesías y los ejemplos de sus experiencias de vida dan detalles valiosísimos sobre la cultura japonesa, que se vislumbran desde su acercamiento, en este caso, a los insectos y el lugar que ocupan en su identidad. Tal vez, si se sumaran cada uno de estos conceptos periféricos, estaríamos más cerca de definir qué es, o qué fue, ser japonés. Hearn hace un gran aporte desde una época clave y en extremo interesante.

De estos dos libros, de los desafíos de la traducción, de otros autores indispensables, de las particularidades de la cultura japonesa y más hablaron Miguel Sardegna y Mariana Alonso con Ámbito:

Periodista: ¿Cuáles son los principales desafíos de traducir desde el japonés y además obras de hace un siglo?

Mariana Alonso: Cada traducción tiene su desafío especial. En el caso de La primavera llegó en un carro tirado por caballos, de Riichi Yokomitsu, creo que el mayor de todos fue reflejar su preocupación por la forma, porque la estructura de sus cuentos varió mucho a través de los años y queríamos que eso se viera en la traducción. Acabamos de terminar la traducción de un autor de Osaka, que usa el dialecto de la región de Kansai. Es, además, un autor cuya literatura es muy autobiográfica, hay muchas referencias a su ciudad, a otros autores y a circunstancias muy particulares de su época que requirieron investigación. Se llama Oda Sakunosuke. Odasaku, le decían los amigos. La traducción que viene después presenta desafíos completamente nuevos, porque son textos que sufrieron censura, y hay que reponer algo de todo eso que fue censurado. Estamos viendo cómo vamos a hacerlo.

P.: ¿Por qué rescatar los trabajos de Riichi Yokomitsu?

Miguel Sardegna: Nosotros nos enamoramos de Yokomitsu a primera vista. Llegamos a él gracias a Kawabata, que era su amigo. Si Kawabata señalaba en esa dirección, entendimos que debíamos prestarle atención, aunque no hubiera todavía libros de él en castellano. Después descubrimos que en su tiempo Yokomitsu fue considerado un bungaku no kamisama; esto es, un “dios de la literatura”. El propio Kawabata no tenía dudas de que la literatura de Yokomitsu vivirá por siempre, y así lo dijo cuando le tocó pronunciar algunas palabras en el funeral de Yokomitsu. ¿Qué sucedió después? ¿Por qué su estrella se apagó? Es difícil saberlo, aunque algunas conjeturas hacemos en el estudio preliminar que abre el libro. Gracias a Masako Kano, una de nuestras traductoras, nos enteramos de que Yokomitsu tiene plena vigencia en Japón, en algunos círculos. Nos puso felices esa noticia. Nosotros creemos que Yokomitsu tiene la estatura de un clásico. Sentimos que con su publicación estamos remediando un olvido o una injusticia.

P.: Lafcadio Hearn era un occidental, ¿cómo fue que se metió en el canon japonés?

M.A.: Lafcadio fue uno de los principales difusores de la literatura y de la cultura japonesa en occidente. Lo que más conocemos son sus versiones de leyendas japonesas, de fantasmas sobre todo. Pero además tiene ensayos sobre la vida, la poesía, la religión y la cultura de Japón. Fue ese trabajo de difusión invaluable y su amor por la cultura japonesa lo que le valió que lo nacionalizaran japonés y que hoy sea un autor canónico en Japón mismo.

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Miguel Sardegna y Mariana Alonso en la Feria de Editores 2019.

Miguel Sardegna y Mariana Alonso en la Feria de Editores 2019.

M.S.: Yo siento que Lafcadio escribe como si nos contara una historia en persona, compartiendo una cerveza, o una copa de sake. Así de amigable, y de cercana, es su literatura. No hay afectaciones ni imposturas en sus palabras. Nuestra intención es seguir sumando trabajos suyos a nuestra colección de literatura japonesa. Hay textos bellísimos que inexplicablemente permanecen inéditos en castellano.

M.A.: En La canción del arrozal incluimos ensayos poéticos de varios de sus libros inéditos. Disfrutamos mucho sentarnos a traducir y elegir textos con un criterio unificador, que fue la voz de los insectos y las ranas en la literatura japonesa.

Los pendientes de la literatura japonesa

P.: ¿Hay muchos tesoros de la literatura japonesa que son difíciles de conseguir o nunca se tradujeron al castellano?

M.A.: ¡Muchísimos! Con los autores que ya hoy tenemos en mente para traducir, hay catálogo para unos cuantos años, y nuestras lecturas nos van abriendo puertas constantemente a otros autores que van agrandando la lista. Nuestras prioridades van mutando con cada nuevo autor al que nos acercamos.

P.: Ustedes sienten un amor genuino por la cultura japonesa, ¿en qué consideran que se genera una sintonía, ya sea por proximidad o por oposición, con nuestra propia cultura?

M.A.: Creo que la sintonía que uno logra con determinada cultura es algo muy personal y es difícil de racionalizar. Yo tiro para la poesía japonesa, y lo que más me atrae de ella es su brevedad, su poder de sugerir y su aparente simpleza, que también se trasladan a muchas otras formas de arte japonés.

M.S.: La cultura japonesa está llena de matices y de elementos que, muchas veces, parecen incluso contradictorios. Está el Japón de los rascacielos y de la tecnología de punta, y el Japón de los santuarios y templos. Kioto y Ginza, la ceremonia del té y las congestiones de hora pico, en el subte de Tokio o en el cruce de Shibuya. Está el Japón de lo delicado, lo sutil, lo bello, y el Japón ambiguo, el Japón de los hikikomori, del karoshi, del eroguro. Un lindo ejercicio es leer un cuento cualquiera de Kawabata y, enseguida, leer “La oruga”, de Edogawa Rampo, o “Patriotismo”, de Mishima, donde la sangre de un seppuku (justo un seppuku, el suicidio ritual que el propio Mishima ejecutó) nos salpica a la cara mientras damos vuelta las páginas. De “La oruga” no digo nada, prefiero que se lleven ustedes la sorpresa.

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P.: Jorge Luis Borges quedó fascinado con Genji Monogatari de Murasaki Shikibu y hasta tradujo con María Kodama El libro de la almohada, de Sei Shonagon. ¿Qué otros clásicos ineludibles recomiendan para leer lo mejor de la literatura japonesa?

M.A.: Qué lindo que nombres el Genji monogatari, una novela –la primera de Japón y, si me apurás, de la literatura mundial– escrita por una mujer en el año 1000. Mi poeta preferida, de todos modos, es otra, más antigua aún: Ono no Komachi. ¡Y nos estamos remontando al 800! Las mujeres fueron muy importantes en la literatura clásica japonesa. A Komachi se la puede leer en antologías de poesía clásica, como el Kokinshū, por ejemplo.

M.S.: Un detalle que siempre me fascinó del Kokinshū es que fue compilado por decisión del Emperador de turno. Ese es el lugar que tenía la poesía en Japón: era un asunto importante. Sumo otras dos antologías poéticas a las recomendaciones. Tres es un lindo número, de algún modo nos contiene. Kokinshū, entonces (a menudo traducido como Colección de poemas japoneses antiguos y modernos), Manyōshū (Colección de las diez mil hojas) y Hyakunin Isshu (Cien poetas, cien poemas).

El próximo martes 19 de noviembre, a las 19 h, también el caracol presenta su colección de literatura japonesa en la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, Agüero 2502, CABA.

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