6 de diciembre 2001 - 00:00

Logra inquietar la potente obra de Lucía Warck-Meister

L a obra de Lucía Warck-Meister oscila entre opuestos como el placer y el dolor, ejemplo de ello fue su instalación de 1994 «El Osario de las Rosas», elemento este último utilizado frecuentemente en posteriores realizaciones con la atracción de su color rojo, su perfume pero también sus espinas. Aparecía como fondo decorativo, algo desdibujado, en la serie de los naipes. «La Reina de Corazones», un motivo recurrente sobre fondos rojos y con clavos amenazantes.

Posteriormente, «La Morada de la Araña» en un material acrílico transparente, nada placentero al tacto ni a la percepción, mostraba un tejido compuesto por las frases ominosas «construyo y destruyo», «me devora», «este es el fin». Otra vez recurre a los opuestos, una constante de la vida y un acercamiento al arte que se va intelectualizando cada vez más provocando en el contemplador sentimientos encontrados: rechazo e inquietud.

En su actual muestra en el Fondo de las Artes presenta «Laberinto», «Bajo el Cielo Azul» e «Icaro». En el primero ingresamos en la telaraña de esa materia plástica, viscosa, transparente, con un texto indescifrable, que parece querer atraparnos. «Bajo el Cielo Azul» está constituida por recipientes azules, rotos, de cristal colocados boca a bajo que se reflejan en un piso de espejos. Sin duda alguna, una expresión reveladora de deterioro y fragilidad.

En las paredes del fondo y en recipientes de vidrio crecen orquídeas blancas, flor aérea, frágil, nostálgica. De un recipiente azul, caído, se desprende un manto de plumas blancas en poética alusión al mito griego de Icaro. «¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?» y otras cajas «Sin Título», de plástico con objetos de cristal azules encerrados en ellas y con escrituras que reflejan las dualidades de sus pensamientos y vivencias son referentes poéticos de una obra generalmente inquietante. Hasta el 30 de Diciembre. Alsina 673.

Terceto

Las frutas de Ana María Martínez, oriunda de El Salvador, son protagonistas absolutas de sus cuadros. No se mezclan con canastas o fruteras de cristal transparente, ni están colocadas en un hueco a la manera de un Ponce, o un Espinosa o un Van Der Hamen, notorios artistas del arte del bodegón hasta fines de 1650. Las naranjas aparecen con efecto cascada, precisamente dibujadas, luminosas. Los apretados racimos de uvas con sus zarcillos revelan su destreza en el manejo de luces y sombras.

La tersura de la pincelada, la brillantez de los colores las alejan de todo realismo y quizás estén impregnadas del espíritu místico que caracterizaban a esas pinturas en las que Fray Luis de Granada veía en una flor o en una fruta el testimonio divino omnipresente. Pero Ana María Martínez es mujer, contemporánea, centroamericana, y en sus frutas se refleja la exuberancia y la sensualidad de su tierra.

Nuestras predicciones de 1995 se cumplieron respecto a
Adriana Zapiseck. En su actual exposición «Serie de los Cantares», su imagen, de origen generativo, se desplazó definitivamente a las sensuales curvas del cuerpo humano pero esta vez ha abandonado el cromatismo de la piel por acerados azules, rojos y sus gradaciones. El rigor geométrico que la caracterizaba dio paso a un mayor vuelco emocional, un encuentro más profundizado del color y las formas que ocupan el centro del cuadro y parecen surgir de un vacío espacial. Zapisek no cierra algunas de estas curvaturas, desdibujadas por el efecto lumínico conseguido.

Ricardo Argüelles (1946) que nació y vive en Benito Juárez es un activo partícipe de la vida cultural de ciudades como Tandil, Tres Arroyos y Azul, donde se desempeñó como Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes y en la que actualmente ejerce la docencia. Argüelles está interesado en la búsqueda de una imagen del Sur de nuestra América y peocupado por conferirle un carácter energético a sus esculturas. Realizadas con gran oficio en el tratamiento de la madera como el de la piedra, recurre a elementos superfluos que distraen la atención, por ejemplo, fragmentos de hojas de palma, hilos o granos de maíz, demasiado utilizados por aquellos influidos por la corriente americanista de hace algunos años.

Diálogo

Destacamos el diálogo entre la sensible madera curva y la piedra angular sobre una madera trabajada de manera arcaica «Del campo a la Costa», la elegancia de dos piezas verticales en madera encerada «Sin Título» y «El Observador de la gruta de Oro», tapa del catálogo, obra totémica, de gran pulcritud tanto en la talla como en su cromatismo. Estos tres artistas exhiben en Galería Forma, Aráoz 2540. Clausura el 12 de Diciembre.

* Durante el ciclo lectivo 2001 se realizó «Arte en el Galpón», un proyecto con fines didácticos, patrimoniales y estéticos entre la Pinacoteca del Ministerio de Educación y alumnos de enseñanza inicial y básica pertenecientes a las escuelas de la ciudad de Buenos Aires y gran Buenos Aires, priorizando a aquellas de menores recursos. Dicha pinacoteca, Arte Argentina del Siglo XX, está compuesta por 279 piezas de maestros como Berni, Soldi, Quinquela Martín, Victorica, Basaldúa y Forner.

Se implementaron dos talleres de plástica y teatro a cargo de Richard Sturgeon y Claudio Méndez Casariego respectivamente en los que se recurrió a estrategias específicas de reconocimiento y «apropiación» de las obras exhibidas. Se seleccionaron obras de 24 alumnos para reproducirlas en tarjetas postales y almanaques y que a su vez durante el acto de clausura de dicho proyecto recibieron sus obras enmarcadas así como libros de arte y literatura donados por el Grupo Velox.

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