12 de julio 2005 - 00:00

Lograda versión de una demoledora obra de Duras

Diego de Paulay SilvinaFernández (unarevelación)encarnan a laangustiadapareja de «Lamúsica»,acertadaversión de unode los textosmásdeslumbrantesde MargueriteDuras.
Diego de Paula y Silvina Fernández (una revelación) encarnan a la angustiada pareja de «La música», acertada versión de uno de los textos más deslumbrantes de Marguerite Duras.
«La música» de M. Duras. Trad.: M. Rosenberg y J. Arrambide. Dir.: Silvio Lang. Int.: S. Fernández y D. De Paula. Dir. de arte: J. Gasparini. Dis. de iluminación: I. Riveros y L. Rodríguez. («La Carbonera».)

La memoria del amor perdido adquiere una insoportable carga de frustración en la obra de Marguerite Duras. La autora de «El amante» y guionista de la celebrada « Hiroshima mon amour», logró describir como pocos la incansable lucha entre Eros y Tanatos que anida en cada ser humano, algo que tal vez haya aprendido de su triste experiencia con el alcohol.

Pero, alcohólica y todo, Duras siempre se mantuvo activa (dicen que escribió hasta el día de su muerte, a los 82 años). Fue autora de más de 20 novelas, 16 obras de teatro y cuatro adaptaciones, varios libros de ensayo y guiones de cine, algunos dirigidos por ella misma, como «La música» (1967), un texto que recién se conoció en Buenos Aires el año pasado, cuando el director Silvio Lang («Tango nómade», «Kadish») lo estrenó como teatro semimontado en el Festival Tintas Frescas.

La puesta que se está exhibiendo en «La Carbonera» ya alcanzó un buen punto de maduración, tanto en lo que respecta al trabajo actoral, de carácter fuertemente introspectivo,como a la rigurosa marcación de ritmos, gestos y silencios que implementó el director.

Luces y escenografía recrean un ambiente casi cinematográfico -como pedía la escritora- sólo que aquí los protagonistas no necesitan de un «primer plano» lumínico para capturar la atención del espectador. Sumidos en una conversación aparentemente sobria y medida, Anne-Marie y Michel intentan reprimir viejos rencores y heridas. La historia de amor que los unió terminó hace ya tiempo, pero ciertos trámites de divorcio los impulsó a reunirse en el mismo hotel donde alguna vez convivieron.

El lugar está lleno de recuerdos. Ni siquierala intromisión de algún tercero (ambos reciben sendos llamados telefónicos de sus actuales parejas) logra deshacer el embrujo.

Por otra parte, la antigua convivencia es evocada como un infierno y nada le augura un futuro mejor a sus actuales relaciones.

Como en casi toda la obra de
Duras (y éste es uno de sus textos más deslumbrantes) la relación de pareja es vista como una entidad condenada al fracaso, incapaz de satisfacer el deseo de cada amante. La complejidad de este encuentro exige un ritmo moroso a fin de poder captar todo aquello que los protagonistas se empeñan en silenciar. Tanto Diego De Paula como Silvina Fernández (toda una revelación en el rol de la enigmática Anne-Marie) logran transmitir la callada angustia de sus personajes con una eficacia demoledora.

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