Además de sus personajes clásicos, el espectáculo también
incorpora creaciones como Toy Story, que surgen de sus
vínculos con otros sellos, en este caso Pixar.
«Disney On Ice - 100 años de magia». Dir. y adap.: J. Bilik. Coreog.:S. Kawahara. Dis. Vest.: S. Lane. Esc.: D. Potts. Dis. Ilum.: L. Bennett. (Luna Park - hasta el 31 de julio.) " Si uno se dirige solamente a los niños, está perdido. En todo caso, los adultos son sólo niños que han crecido." Así resumía Walt Disney (1901-1966), la clave de su éxito. Disney fue un audaz visionario, el primero en ligar la industria del cine con la del entretenimiento y en desarrollar una tecnología de avanzada en sus parques temáticos. En 1938 sorprendió al mundo con el primer largometraje de animación, «Blancanieves y los siete enanitos», un proyecto al que muchos le auguraban un rotundo fracaso.
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De allí el título («100años de magia») con que la compañía Disney On Ice vuelve a presentarse en Buenos Aires de la mano de sus clásicos como Mickey, Minnie, Donald, Chip y Dale, Goofy, Pinocho y Pepe Grillo. El show ofrece también una dinámica selección de escenas que remiten a los films más recientes del sello («El rey león», «Mulan», «La Bella y la Bestia», «Aladdin», «Toy story») con sus canciones y melodías, algunas de ellas ganadoras del Oscar.
Hay números para todos los gustos. Desde la fantasía «kitsch», destinada a las chicas (un desfile de «Princesas clásicas» con Blancanieves, Cenicienta, Pocahontas, Jasmin y La Sirenita acompañadas por sus respectivos galanes) hasta un número «deportivo» en el que Goofy y Mickey enseñan a jugar al hockey.
Como espectáculo de patinajeartístico incluye muy buenos dúos e interesantes escenas grupales (la lucha contra los hunos en «Mulan»; el Genio de «Aladdin» multiplicado en una veintena de clones) todos ellos coreografiados por Sarah Kawahara, la primera especialista del rubro galardonada con un premio Emmy. «Disney on ice» entretiene con sus destrezas y colorido, pero quienes más disfrutan de él son los chico de dos a seis años, capaces de seguir el show durante dos horas, casi sin pestañear.
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