"Los aullidos son la música de fondo de nuestro tiempo"

Espectáculos

El gran narrador mexicano Carlos Fuentes vino a Buenos Aires para participar del «Encuentro México-Argentina. Un horizonte compartido» y presentar su más reciente novela «Instinto de Inéz». Dialogamos con él:

Periodista: ¿Se propuso volver a la literatura fantástica con «Instinto de Inez»?


Carlos Fuentes:
Bueno, nunca la he dejado. No regreso a ella porque la he cultivado a lo largo de toda mi carrera, desde mi primer libro «Los días enmascarados», pasando por «Aura», «Constancia», «Una familia lejana», «Mi cumpleaños». Siempre he cultivado esa línea y pienso seguirla. Lo que es novedad es tomar a la música como tema central, como eje de una novela. Ya se sabe cómo germinan las cosas en la cabeza de un escritor, a veces muy lentamente, pasan décadas...

P.: Usted confesó reiteradamente que se enamoró de la ópera en el Colón...


C.F.:
Cuando tenía 15 años. Venían a Buenos Aires todos los grandes músicos del mundo porque no tenían teatros en Europa. Estaban destinados al continente americano, y tuve la oportunidad de oír gran música, gran ópera en el Colón en esos años. De ahí nació mi pasión por la ópera que se ha mantenido pero sobre la que nunca había escrito. Finalmente llegó el día que cayó en mi mano la pera del árbol con «Instinto de Inez».

P.: También la historia de un constante desencuentro amoroso.


C.F.:
Las reflexiones van montadas sobre la historia de un amor imposible, intermitente, de un deseo hacia una persona que no se puede tocar, obtener, a la que hay que imaginar, pero a la que se le da todo el amor. Y otra persona con la cual, simplemente, hay una relación de servicio, que es el conducto hacia otra cosa.

P.: ¿Por qué utilizó «La condenación de Fausto» como trasfondo?


C.F.:
Porque el faústico es uno de los grandes mitos, como Don Juan. Berlioz es inventor de una música nueva, de disonancias revolucionarias, que culmina en «La condenación de Fausto» en una cabalgata apocalíptica de los infiernos, que me parece la música de fondo de la historia que estamos viviendo, lo que acabamos de ver con las Torres Gemelas. Allí hay un derrumbe infernal, gritos, aullidos, disonancias ríspidas. Es por todo esto que me interesó jugar con el tiempo segundo de la novela, que no es el lineal de la cantante y el director de orquesta a lo largo de sus calendarios, sino que la posibilidad de esa pareja que no se conoce se encuentre en un pasado remoto o en un futuro próximo, que puede ser apocalíptico, de regreso al origen.

P.: ¿Se inspiró en el director Sergiu Celibidache para su protagonista Gabriel Atlan-Ferrara?


C.F.: Celibidache
llegó a México en 1948 y revolucionó la manera de conducir, nadie había conducido de esa manera, y teníamos a Carlos Chavez, grandes músicos en México, pero él trajo una libertad, una sonoridad tan extraordinaria. Convertía la «Patética» de Tchaicovsky en una especie de oratorio sagrado en vez de una melcocha sentimental como acostumbramos a oírla. Tenía una gran fuerza. El personalmente era un hombre muy impresionante. Un rumano de pelo largo, grasoso, marcado su rostro, unos ojos de carbón brillante, y una seducción con las muchachas que nos mataba de envidia. No había novias que no nos quitara el malvado Celibidache.

P.: ¿En su novela se toma venganza de eso?


C.F.:
Se quedó en mi rencor un poco, debo admitirlo. No es una venganza porque lo admiraba mucho. Y si bien el nunca grabó oficialmente, lo grabaron subrepticiamente. Ahora con los métodos digitales nos es posible oír a Celibidache conduciendo de una manera magistral. Era el anti-Karajan. Karajan, un sentimentaloide vulgar a quien Celibidache despreciaba mucho.

P.: ¿Alguien puede enamorarse de una foto, como Inez Prada?


C.F.:
Sí, claro, como nosotros. Yo me enamoré así de Marilyn Monroe y de Ava Gardner.

P.: ¿Cómo surgió la idea de esos personajes que interrumpen la historia actual desde un presumible remoto pasado?


C.F.:
Inez se acuesta entre dos taburetes, que se usan generalmente para colocar los féretros en el sur de Inglaterra, y dejo a la imaginación del lector si, en ese lugar dedicado a la muerte, se traslada físicamente en el tiempo o lo sueña o lo imagina, no sé. Es un eje narrativo de «Instinto de Inez» el que ella tenga que buscar al muchacho que vio en una foto en otro lugar, en otro espacio y en otro tiempo, porque no está en el suyo. Como llega a ese tiempo y a ese espacio se lo dejo a la fantasía del lector.

P.: Su novela cuenta de un mundo en guerra, ¿adivinó que se leería en un mundo en guerra?


C.F.:
Si no lo adivinó la CIA, ¿cómo lo iba a adivinar yo?

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