10 de enero 2002 - 00:00
"LOS CHICOS DE MI VIDA"
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En efecto, la actriz no es el único (y para muchos ni siquiera es el principal) atractivo del film. Antes, están los nombres de la directora Penny Marshall («Quisiera ser grande», siempre detallista y edulcorada), el productor James
L. Brooks, experto en sonrientes problemas familiares («La fuerza del cariño» y similares), el fotógrafo checo Miroslav Ondricek (todo comienza en una Navidad empalagosa...), etc. etc., todos ilustrando y reconsiderando el libro autobiográfico de Beverly Donofrio, adaptado con señalable habilidad, pero también con necesaria rutina televisiva, por Morgan Upton Ward.
Se trata del crecimiento de dos personas, y el paso del tiempo, entre 1961 y 1986, en un alternarse de pasado y presente, nostalgia y crítica, humor y aflicción, choques y reconciliación, cuestionamientos generacionales y expresiones de amor entre madre e hijo, tal como Brooks sabe ofrecerle al público, y éste digiere y agradece.
El detalle, ay, que resta puntos, es que en esta película el tiempo tarda más de dos horas en pasar.



