22 de junio 2005 - 00:00
"Los personajes que se traicionan me imponen el deseo de contarlos"
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Carmen Boullosa, junto a los escritores Jorge Volpi y Juan Villoro, en la presentación de
“La otra mano de Lepanto”, la semana pasada en México.
Boullosa se apasionó por María la bailaora, una versión de la Gitanilla de Cervantes, que fue a la guerra por amor y, para la escritora, realiza un acto de traición hacia sí misma, y buscó contar su historia.
Periodista: ¿Escribió «La otra mano de Lepanto» como parte de la celebración de los 400 años de «El Quijote?
Carmen Boullosa: Soy malísima con las fechas, no sabía que se avecinaba el festejo, la terminé hace casi dos años. Cuando mis editores me propusieron incorporarla a las celebraciones de Cervantes, mi primera reacción fue un berrinche. Después comprendí que era una novela larga y que el lector tendría más armas para disfrutarla porque saldrían a la luz muchos temas cervantinos.Y aquí estoy, en medio de ese festejo, con una novela que mas que una celebración es un mea culpa.
C.B.: España, que en el momento de su gloria decide comerse a sí misma. Limpiar su territorio de judíos, de herederos de judíos, de gitanos y de moros, y realiza la expulsión final, la limpieza étnica. Esos pasajes de su historia son su propia condena porque su fuerza cultural venía de ser el norte de Africa y el sur de Europa, una conjunción de todos.
P.: ¿Cómo llegó a ese tema?
C.B.: Acababa de llegar a Nueva York cuando ocurrió lo de las Torres Gemelas y no entendí qué había pasado. Pensé en guerras religiosas del siglo XVI y, para entender o salirme de lo que me rodeaba, me puse a leer a Lope de Vega y salté a la Batalla de Lepanto. Lo que me atormentaba leído a la luz de esa batalla me provocaba invenciones y risas, y encontré a mi personaje.
C.B.: La culpa no la tengo yo, la tienen los cronista de la época, que escribieron: «María La Bailaora, que a bordo de la galera real mató a 40 turcos con su espada». Me gustó no sólo porque fuera una mujer vestida de varón en medio de una guerra religiosa, sino porque la imaginé gitana, luego viviendo entre moros, y cometiendo ese error histórico de pelear del lado de sus enemigos naturales en contra de sus aliados naturales.
P.: ¿Qué le interesó en esa actitud de María?
C.B.: La traición, que es un gran tema para un escritor, el personaje que se traiciona a si mismo creyendo que no lo está haciendo. María La Bailaora cree que está haciendo lo justo. Recorre la Granada cristiana y la morisca, viaja a Nápoles, es cautiva en Argel, viaja a Nápoles, se hace amiga de Cervantes. Y, sobre todo, va tras un capitán español, el hombre que ama, y su amor es un desencuentro, como en casi todas las grandes novelas de amor, pero lo suyo es patético; a la vez, va a enterrar el libro pumbleo que le encargaron los moriscos.
C.B.: En la defensa de los moriscos en Granada alguno pensó: no usemos las armas, usemos nuestro alegato de legitimidad, somos los primeros católicos de Iberia. En la tradición popular San Cecilio, que era moro, llegó a Iberia porque la Virgen María le mandó llevar la palabra de Cristo. Esos moriscos decidieron escribir los libros pumbleos, los Evangelios Apócrifos, como si fueran libros antiguos.
P.: ¿Por qué la batalla la cuenta con personajes de Cervantes?
C.B.: Cervantes es uno de mis personajes, y quise contar la batalla a través de Carriazo y Avedaño, sus personajes de «La ilustre Fregona», dos pícaros malvivientes que más le gusta jugar a las cartas que la gloria, la nación y todo lo demás. Carriazo se ve envuelto en la batalla por casualidad, llega a medrar y robar como buen pícaro que es, y cuenta con total desapego las espeluznantes escenas de la batalla de Lepanto.
P.: ¿Por qué los eligió?
C.B.: Porque los eligió Freud, y por hacer un juego entre alguien que marca nuestra modernidad actual, Freud, y quien marca nuestra modernidad antigua, por decirlo así, Cervantes.
P.: ¿Cómo hace para escribir novela, poesía, cuento, teatro?
C.B.: Por psicótica, a veces estoy de tal humor que cuento mi vida y soy poeta, otra veo todo en diálogo o en relato. Juan Villoro dijo que entremezclo géneros. No quiero que se piense que es una novela de poeta, pero es cierto en «La otra mano de Lepanto» hay poemas, diálogos y prosa que se suelta a narrar.
P.: ¿Hay un renovado interés por la novela histórica?
C.B.: Yo no escribo novelas históricas, uso un escenario histórico pero no tengo ese respeto de hacer una arqueología histórica. No es que no procure que mi escenario sea fiel a los hechos. Creo que una novela es novela, no calificaría de novela histórica a «Memorias de Adriano» de Margarite Yourcenar, es una novela. En cambio, a veces, me topo con novelas en donde la lengua no cuadra y me digo: por qué no escribió un libro de historia, no entiendo la aventura literaria. Esas son las que los editores necesitan identificar como novelas históricas. Si hay interés es porque creció inmensamente el mercado del libro, han crecido las novelas de género, policiales, históricas, de suspenso. El lector no literario prefiere leer un libro que no va a ser todo literario, que no va a ser una aventura de la lengua, que no va a viajarsobre mares turbulentos sino sobre carreteras seguras, y una obra de género le promete que va a pisar tierra firme. En mis novelas no se pisa en tierra firme, se va por mares turbulentos, son aventuras literarias.
P.: ¿Cómo es para una escritora latina vivir en Nueva York?
C.B.: Apasionante. En México, porque soy escritora hace tantos años, porque pertenezco a una élite intelectual he estado arropada por una sociedad que nos da muchas ventajas, que cela mucho a sus creadores. En Brooklyn me desclasé por completo, por mi lengua, por mi aspecto, soy parte de la masa de nuevos inmigrantes, y la mayor parte no son ni intelectuales ni muy preparados sino gente que huyó de la pobreza y del maltrato de un país que no ha conseguido hacer un proyecto global. Eso me resulta como escritora fascinante porque mis ojos son los de una forastera, me pone en una situación moral atrayente, me obliga a repensarlo todo, y en una situación lingüística apasionante, es algo que me llena de aire todo el tiempo.
Entrevista de Máximo Soto



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