4 de septiembre 2000 - 00:00

"LOS QUE ME AMAN TOMARAN EL TREN "

T iene un título fuertemente seductor, pero entrar en ella no es sencillo: «Los que me aman tomarán el tren», el más reciente film de Patrice Chéreau, es una compleja novela familiar de personajes interconectados por el amor, el odio, el recelo, el rechazo, la humillación y el cinismo. El vínculo se los da un pintor que acaba de morir, Jean Baptiste, con quien todos estuvieron relacionados de alguna forma y otra, pero casi siempre de manera cruel, y a cuyo funeral en Limoges concurren todos a bordo de un tren que sale de París (lo que insume casi la mitad de la película, con una cámara móvil, aunque por suerte no «dogmática»).
Chéreau, cuyo nombre resuena tanto por su obra como director de cine como por sus régies de ópera (el video conserva su recordada puesta en escena de la Tetralogía wagneriana con Pierre Boulez en el Festival de Bayreuth), alcanzó una gran notoriedad a principios de los '80 con su film «El hombre herido», donde se atrevió a tratar el tema de la homosexualidad sin eufemismos. Desde entonces, Chéreau se convirtió en uno de los referentes centrales del cine gay en Europa, entendiendo como tal no el que hace de la homosexualidad el tema central de una película sino el que la incorpora como una forma natural de relación entre sus personajes; una forma privilegiada, se diría.
Es lo que ocurre en «Los que me aman tomarán el tren», un film donde el espectador, para no perder el hilo y las sutilezas dramáticas de lo que ocurre, está obligado a prestar una atención por cierto superior a la que exige un film convencional. Chéreau es, a su manera, un moralista, lo que queda evidenciado no sólo por la pintura que hace de su protagonista y de los vínculos que formó en su vida, sino también no siente la necesidad de exponer de qué manera ocurrieron éstos. Se descubren de inmediato algunos, otros se intuyen; otros, inclusive, pueden quedar en la oscuridad.
El otoñal
Jean Louis Trintignant, además, compone dos personajes que por momentos confunden deliberadamente sus contornos: el muerto Jean Baptiste, en flashbacks, y su hermano mellizo Lucien. François (Pascal Greggory), ex amante del artista, y su actual compañero Louis ( Bruno Todeschini) componen la pareja a través de
la cual se juega lo central del drama, un rompecabezas pasional exigente, desde luego, pero que confirma la destreza de
Chéreau como compositor de notables piezas dramáticas.

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