12 de febrero 2004 - 00:00

"Los testigos": buena intención, poco nervio

«Los testigos» (The Gathering, GB, 2002, habl. en inglés). Dir.: B. Gilbert. Guión: A. Horowicz. Int.: C. Ricci, K. Fox, O. Chris, M. Crock, S. Dillane, I. Gruffud,
S. Hewlett, H. Forrester.


L os habitués del genero de terror desdeñarán esta película, como una suerte de pariente pobre de «El sexto sentido». Hay un chico necesitado de ayuda especial, gente muerta paseando por ahí, una persona comedida, etcétera. El final, eso sí, tiene cierta variante de mediano interés, acerca de las segundas oportunidades, pero, en conjunto, para el gusto actual esta obra puede considerarse bastante pasteurizada, sin mayor nervio ni suspenso, y sin demasiada voluntad para complacer a los espectadores que vayan en busca de escenas sanguinolentas.

Bueno, es que en esto hay una cuestión de fondo. De un modo alusivo, la película parece deslizar opinión precisamente sobre los adeptos a cierto voyeurismo plasmático tan frecuente y hasta natural en el conjunto de la sociedad. Se señala especialmente a quienes tienen la morbosa costumbre de contemplar lo que le pasa a la víctima, en cualquier circunstancia pública, sin ayudarla. Y se quedan después mirando el cadáver, con cara de «así son las cosas», o «yo sabía que esto iba a pasar, mirá que asqueroso que quedó el finadito». Y terminan saliendo en la foto, medio al fondo, mezclados con los asesinos y sus cómplices y amigos, que, por cierto, lucen una cara cínicamente mas alegre.

¿Pero quienes son esos chusmas estorbosos, que ni sufren ni gozan, y tienen que estar siempre ahí, sólo para mirar?. En esta historia, un cura le señala a su obispo que el perfil de esos rostros es siempre el mismo, tanto en la foto de unos europeos tras una matanza nazi, o unos sureños junto al cuerpo colgado y quemado de un negro, como en la pintura renacentista de una batalla, o el oculto bajorrelieve puesto justo frente a una crucifixión, en un lugar también oculto de la tierra.

Ahí ya estamos, claro, en el costadito fantástico de la película, que supone una especie de maldición bíblica a los tibios que fueron a ver el calvario de Cristo nada más que por ir a verlo, y desde entonces están condenados a vislumbrar dónde habrá una muerte violenta para ir con su cara de velorio anticipado, a ver si alguna vez alguno de ellos se conmueve por algo.

El resto, es casi lo de siempre, y casi siempre predecible. Christina Ricci es bonita y extraña, con esa frente suya que la lleva a encabezar cintas raras. La isla de Man, lugar del rodaje, tiene casas refaccionadas muy lindas. Y la música es un plomo.

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