21 de junio 2006 - 00:00
Lucía Gálvez contra otra leyenda negra
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La
historiadora
Lucía Gálvez
se propone
ahora contar
«la verdadera
historia» de
Martín Miguel
de Güemes, a
la que se le
ha impuesto
«si no una
leyenda
negra, sí una
leyenda gris».
L.G.: Fue la forma que encontraron nuestros próceres de introducir las ideas liberales. ¿Cómo iban a divulgar sus ideales en un régimen totalmente absoluto que no daba lugar para nada, como era la España de Carlos III, de Carlos IV y de Fernando VII? La única manera fue o conspirando o, muchísimo más adelante, mediante los partidos políticos. En la historia de la Masonería argentina, vemos que va decayendo en la medida en que aparecen los partidos políticos, fundamentalmente después de la gran revolución del '90.
P.: ¿Esos próceres al ser masones eran ateos y antirreligiosos?
L.G.: (Ríe) Nada que ver. Todos eran católicos, hasta el impío Monteagudo.Y lo eran porque era lo que habían mamado en su familia. Es cierto, unos hombres no eran muy practicantes, pero otros sí. Había una división en los católicos liberales y los católicos ultramontanos, a los que se criticaba llamándolos « clericales». Y los próceres que fueron masones (algunos lo dejaron de ser hacia el final de su vida como Eduardo Wilde, por dar un caso) eran esencialmente ideólogos liberales que buscaban expresar ideas de tolerancia, de paz y progreso.
P.: ¿Qué otros casos hay de próceres que dejaron de ser masones hacia el final de su vida?
L.G.: En un documento que encontré en el Museo Mitre, un Gran Maestre de la masonería comenta que algunos miembros habían renunciado porque se prometió hacer una escuela y no se cumplió, y agrega: «si seguimos en esta tesitura, los mejores se van a ir, como ya se fueron Sarmiento, Levalle, Mitre, y pone una serie de personajes que no mencionan ni Emilio Corbiere ni Alcibíades Lappas, los dos historiadores de la Masonería Argentina, como que hubieran dejado la masonería.
P.: ¿Su intención fue enfrentar los mitos sobre el tema?
L.G.: Me encanta ir contra las leyendas negras, de cualquier tipo que sean. Por eso ahora voy a escribir sobre Güemes, del que se conoce poco y se dicen muchas macanas. Bueno, en éste sentido, yo empecé contando en mis libros sobre las mujeres en nuestra historia. En el caso de los masones se habló de ritos demoníacos, de una confabulación para destruir el país, justamente todo lo contrario de lo que eran. Esa leyenda negra la divulgó un tal Leo Taxil en el siglo XIX, escribió una sarta de mentiras que forjaron esa leyenda negra, tonterías como que para alcanzar el grado más alto de la masonería había que pisar la Cruz. Taxil se retractó poco antes de morir, pero eso no se divulgó. Esas fabulaciones de Taxil son la que se propagaron para dar denigrar a la masonería.
P.: Algo que un sector del nacionalismo argentino se dedicó a difundir.
L.G.: El hombre es muy maniqueo. Y cuanto más chico y más ignorante, más maniqueo; le encanta pensar que hay buenos y malos. Y como aquí muchos prohombreseran muy religiosos, seguían a algunos sacerdotes y frailes que predicaban en contra de la masonería porque la consideraban misteriosa, que algo ocultaba. Otros no. Había sacerdotes y frailes en las logias también.
Además, la sociedad argentina es muy especial. La masonería, que siempre estuvo contra los absolutismos, aquí comienza en la clase alta, la clase religiosa y la clase militar, porque la de formar parte de sociedades secretas es una táctica, una maniobra, para lograr la independencia del país. Caso concreto, si San Martín no hubiera pertenecido a la Logia Lautaro, y antes a la Logia de los Caballeros Racionales, no hubiera tenido el apoyo que tuvo.
Entrevista de Máximo Soto


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