21 de junio 2006 - 00:00

Lucía Gálvez contra otra leyenda negra

LahistoriadoraLucía Gálvezse proponeahora contar«la verdaderahistoria» deMartín Miguelde Güemes, ala que se leha impuesto«si no unaleyendanegra, sí unaleyenda gris».
La historiadora Lucía Gálvez se propone ahora contar «la verdadera historia» de Martín Miguel de Güemes, a la que se le ha impuesto «si no una leyenda negra, sí una leyenda gris».
La historiadora Lucía Gálvez, nieta del escritor Manuel Gálvez, que buscó en varios de sus libros mostrar la intensa participación de las mujeres y los inmigrantes en la historia nacional, investiga en «¿Como Dios manda?», su libro más reciente, la relación entre «Iglesia, Masonería y Estado en la Argentina» enfrentando, a partir de documentos, la que considera «otra absurda leyenda negra». Dialogamos con la autora de, entre otras obras, «Mujeres de la Conquista», «Historia del Club del Progreso», «Historias de amor de la Historia Argentina» y «Romances de tango».

Periodista: ¿Cuándo inició su investigación sobre la Masonería, en la Argentina?

Lucía Gálvez: El tema me interesa desde hace mucho. Diría que desde los doce años. Recuerdo que a esa edad leí un libro español para chicos que se llamaba «Flora y Elío, víctimas de la masonería». A los pobres chicos protagonistas los masones les hacían cosas terribles, incluso le llevaban una hostia para profanarla. Yo me decía: esto es muy raro, esto no puede ser.Y cuando, después, empecé a oír que Sarmiento era masón, creció mi interés. Recuerdo que en el colegio, cuando queríamos pasar la clase de Historia sin clase, preguntábamos: Señorita, ¿San Martín era masón?, y la profesora se pasaba toda la hora explicando que no, que la Logia Lautaro era un tipo de sociedad secreta. En lo que tenía razón, porque no hay ningún documento que demuestre si era o no era masón. Con el tiempo me fui dando cuenta, en la medida de mis investigaciones, que nuestros próceres habían utilizado la masonería como una estrategia para sus fines. Que en absoluto estaban dirigidos por una Inglaterra todopoderosa que manejaba los hilos, que urdía conspiraciones, como decían los nacionalistas. No es cierto que San Martín se tuvo que retirar porque Bolivar era Grado 33 y él no; ni que, en Pavón, Urquiza se fue porque ganó en la guerra pero la Masonería le ordenó... todas mentiras podridas. Se dió como masones a Bolivar y a Roca, dos de los pocos que no lo fueron, y hay documentos que esto lo confirman.

P.: ¿Cómo organizó su libro?

L.G.: Haciéndome las preguntas que me hago siempre: ¿qué pasó con esto? ¿Cómo pudo ser? El historiado tiene que ser un detective del pasado. Investigar y ver por qué se dijo esto, y si era cierto.

P.: ¿Por qué proliferó la masonería en la Argentina en el siglo XIX?

L.G.: Fue la forma que encontraron nuestros próceres de introducir las ideas liberales. ¿Cómo iban a divulgar sus ideales en un régimen totalmente absoluto que no daba lugar para nada, como era la España de Carlos III, de Carlos IV y de Fernando VII? La única manera fue o conspirando o, muchísimo más adelante, mediante los partidos políticos. En la historia de la Masonería argentina, vemos que va decayendo en la medida en que aparecen los partidos políticos, fundamentalmente después de la gran revolución del '90.

P.: ¿Esos próceres al ser masones eran ateos y antirreligiosos?

L.G.: (Ríe) Nada que ver. Todos eran católicos, hasta el impío Monteagudo.Y lo eran porque era lo que habían mamado en su familia. Es cierto, unos hombres no eran muy practicantes, pero otros sí. Había una división en los católicos liberales y los católicos ultramontanos, a los que se criticaba llamándolos « clericales». Y los próceres que fueron masones (algunos lo dejaron de ser hacia el final de su vida como Eduardo Wilde, por dar un caso) eran esencialmente ideólogos liberales que buscaban expresar ideas de tolerancia, de paz y progreso.

P.: ¿Qué otros casos hay de próceres que dejaron de ser masones hacia el final de su vida?

L.G.: En un documento que encontré en el Museo Mitre, un Gran Maestre de la masonería comenta que algunos miembros habían renunciado porque se prometió hacer una escuela y no se cumplió, y agrega: «si seguimos en esta tesitura, los mejores se van a ir, como ya se fueron Sarmiento, Levalle, Mitre, y pone una serie de personajes que no mencionan ni Emilio Corbiere ni Alcibíades Lappas, los dos historiadores de la Masonería Argentina, como que hubieran dejado la masonería.

P.: ¿Su intención fue enfrentar los mitos sobre el tema?

L.G.: Me encanta ir contra las leyendas negras, de cualquier tipo que sean. Por eso ahora voy a escribir sobre Güemes, del que se conoce poco y se dicen muchas macanas. Bueno, en éste sentido, yo empecé contando en mis libros sobre las mujeres en nuestra historia. En el caso de los masones se habló de ritos demoníacos, de una confabulación para destruir el país, justamente todo lo contrario de lo que eran. Esa leyenda negra la divulgó un tal Leo Taxil en el siglo XIX, escribió una sarta de mentiras que forjaron esa leyenda negra, tonterías como que para alcanzar el grado más alto de la masonería había que pisar la Cruz. Taxil se retractó poco antes de morir, pero eso no se divulgó. Esas fabulaciones de Taxil son la que se propagaron para dar denigrar a la masonería.

P.: Algo que un sector del nacionalismo argentino se dedicó a difundir.

L.G.: El hombre es muy maniqueo. Y cuanto más chico y más ignorante, más maniqueo; le encanta pensar que hay buenos y malos. Y como aquí muchos prohombreseran muy religiosos, seguían a algunos sacerdotes y frailes que predicaban en contra de la masonería porque la consideraban misteriosa, que algo ocultaba. Otros no. Había sacerdotes y frailes en las logias también.

Además, la sociedad argentina es muy especial. La masonería, que siempre estuvo contra los absolutismos, aquí comienza en la clase alta, la clase religiosa y la clase militar, porque la de formar parte de sociedades secretas es una táctica, una maniobra, para lograr la independencia del país. Caso concreto, si San Martín no hubiera pertenecido a la Logia Lautaro, y antes a la Logia de los Caballeros Racionales, no hubiera tenido el apoyo que tuvo.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario

Te puede interesar