21 de marzo 2001 - 00:00

Mar del Plata: fin de fiesta

Mar del Plata: fin de fiesta
*(20/03/2001) El 16° Festival de Mar del Plata ya es historia, aunque se descuenta que en la intimidad del Instituto de Cine habrá más de una reunión para delimitar las responsabilidades sobre las cosas que no anduvieron bien. Aunque no fueron tantas como exageraron algunos medios.

* Fue medio papelonero el acto de clausura, pero esto ya es un clásico, y la gente lo toma con una sonrisa: demoras en empezar, largos baches, furcios surtidos. La frase de la noche fue de Graciela Borges, mientras anunciaba los premios: «Estos focos me están descerebrando». Otro blooper inédito en festivales de cine fue que, luego de haberse entregado el Ombú de Oro, Borges y Gastón Pauls (el copresentador) creyeron que se habían olvidado de entregar uno de los premios, y lo volvieron a anunciar. Y el toque político fue de Franja Morada, que aprovechó la presencia de las cámaras para hacer una manifestación frente al Auditorium, justo cuando estaba el número artístico del bailarín Iñaki Urlezaga, cuyo elenco debió bailar «El cisne negro» al compás de los bombos. Parecía una típica película política de los '70: de un lado, la gente bien vestida presenciando un ballet, y del otro, los manifestantes, la Policía deteniéndolos, vidrios rotos, y hasta dos empleados del Auditorium heridos por los vidrios.

* En cuanto a las películas propiamente dichas, los premios estuvieron bien repartidos, sobre todo el de mejor actor para Ulises Dumont y Federico Luppi por «Rosarigasinos» (ambos se sacan chispas), y Ombú de Oro para el emotivo film polaco «Yo, el ladrón», que, curiosamente, poca gente había podido ver, ya que le tocaron malos horarios. Algo similar pasó en 1998 con «La nube y el sol naciente», por lo que un buen consejo (idea del director Juan Bautista Stagnaro) sería que en el cierre se proyectara la película ganadora. Buena idea, además, porque la película de cierre de esta vuelta era sencillamente floja y prescindible (una comedieta española de Jaime Chávarri).


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Fue injusto que el jurado no le otorgara ni una sola mención al film norteamericano de la argentina Gabriela Tagliavini «The Woman Every Man Wants», una comedia fantástica de muy ingenioso guión, que en realidad, más allá de lo humorístico, es un film sobre el amor y el sentimiento amoroso. El público joven, al que va apuntado, sí la disfrutó. Es una película audaz, de búsquedas, sin duda más avanzada que films de moldes viejos que los jurados tienden a premiar.

* Ahora, el problema es que nadie sabe si habrá realmente otro festival. Todo depende de la situación económica, y para eso es muy prematuro. Esa sombra de muerte sobrevoló la última noche, opacando un poco la fiesta de cierre en Costa Galana. Pero como había desde lomo a la strogonoff en cazuelas hasta helado con hojas de menta y rodajas de limón y frutillas, dos chicas haciendo hermosas acrobacias colgadas de unos lienzos y un conjunto de música tropical y cuartetera, la tal sombra se terminó disipando bastante rápido. Todo terminó al alba, y apenas hubo tiempo para hacer las valijas.

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Entre las mejores fiestas estuvo la que fue organizada por la Alianza Francesa para agasajar a los artistas galos, en Villa Ocampo, un sitio ideal, no sólo por su carácter simbólico (la relación cultural entre Francia y la Argentina), sino porque es amplio y hermoso, aunque ahora está un poco deteriorado. En sus jardines, la gente disfrutó mucho, y adentro había langostinos, vol-au-vent, ciruelas con queso y almendras, gougers con roquefort y peras, terrinas de salmón y otras delicias más sencillas. No hubo brindis ni discursos, pero el director Jean-Pierre Denis debió explicar por qué razón se negaba a ir a su propia conferencia de prensa. «La película debe defenderse sola», se escudó (y el sábado terminó ganando el premio al mejor director). De todos modos, la estrella de la noche fue el ruso Nikita Mijalkov, siempre cordial, atento, y expresivo.

* Ya era de día cuando Mijalkov contó una anécdota de Marcello Mastroianni, que no tiene desperdicios. «Su personaje de 'Ojos negros' debía parecer joven y, luego, viejo. El esperaba impaciente la parte de viejo, porque para que pareciera joven no le dejábamos tomar nada de alcohol. '¿Cuándo hago de viejo, cuándo hago de viejo?', vivía preguntando. 'Vas a estar orgulloso de mi trabajo, seré un viejo decrépito, repulsivo.' Hasta que un día le dije: 'Mañana empezamos la parte de viejo'. ¡Y desapareció! Al otro día entra al set, y lo encuentro realmente decrépito, repulsivo, perfecto para el papel: ¡estaba borracho!'. '¿Estás conforme conmigo? ¿Ves que soy un profesional de corazón?' Y, aunque no lo crean, actuó, maravillosamente, en ese estado. Sólo Mastroianni podía hacer algo así.»


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Otra fiesta muy buena, aunque menos elegante, fue la de los jóvenes de la comedia argentina «Herencia», que empezó humildemente y se convirtió en una de las recomendadas del festival. Tanto, que armaron una jarana multitudinaria en Sauro, que duró hasta el amanecer.

* No tan feliz, en cambio, fue el asado criollo que el INCAA y Turismo de la Nación brindaron a los artistas y periodistas en la Estancia Santa Isabel. Todo estaba bien preparado, incluso había buenos números musicales, pero pronto se descubrió que casi la mitad de los presentes se había invitado por su propia cuenta, y en varios casos ni siquiera era gente de cine. Es decir, faltó comida, y los visitantes extranjeros se quedaron con las ganas de paladear debidamente el sabroso asado criollo. Por suerte, se sacaron la amargura con unos buenos pastelitos de dulce de batata.






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