Mar del Plata: en una jornada floja se destacó una película nacional

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Japón en cambio aturdió con el extenso y gritado "Red Post", del prolífico realizador Sion Siono.

Poco feliz estuvo ayer la competencia internacional del Festival de Mar del Plata. Un solo título de 149 minutos, en 145 de los cuales sus intérpretes alternan entre el grito y el grito pelado, a lo que también se suman chillidos, carreras y tonterías varias protagonizadas por un supuesto ídolo del cine, las chicas que quieren actuar en su próxima película y dos tipos grandes que por suerte no gritan pero tampoco aportan demasiado. La cosa viene del Japón con el título de distribución “Red Post on Escher Street” y, en efecto, hay un buzón rojo en una calle de nombre Escher, lo que, a juzgar por dicho nombre, augura composiciones laberínticas e irreales con varios puntos de vista simultáneos y un buzón. Algo de eso hay. Lo que no hay es gracia ni mayor sentido. Director, el prolífico Sion Siono, habitualmente maldecido por la gente que tiene que pagar la entrada. Por suerte este año las películas pueden verse gratis (pero el tiempo es oro).

Más sentido tiene la argentina “Un crimen común”, de Francisco Márquez. No anticipamos nada si decimos que una noche llaman a la puerta de una profesora. Es el hijo de su doméstica pidiendo auxilio. Un muchacho habitualmente de gorra y auriculares, que ella apenas conoce. No le abre, y al día siguiente el joven está muerto. Bien armado, el asunto impulsa varias reflexiones prácticas y morales sobre la oportunidad de los actos, los cargos de conciencia, también los miedos y prejuicios. Los hermanos Dardenne hicieron años atrás una película intensa, de noble intención, “La chica sin nombre”, con un planteo parecido, ideal para discusiones morales. En Bélgica ellos presentan sus películas en las escuelas y parroquias, justamente para que cada espectador discuta lo que haría si estuviera en el lugar de los protagonistas. Lástima que acá la discusión va a ir para otro lado, porque ya desde su promoción la película pone el acento en la violencia policial sobre los pibes villeros. Dicho sea de paso, muchas de las películas programadas en este festival, casi un tercio, refieren abusos graves de las fuerzas de seguridad, de aquí y otros países.

¿Y qué se programará en las próximas ediciones? Muchos festivales tienen un espacio para los llamados Work in Progress, donde se muestran películas a medio hacer. Las más convincentes reciben estímulos (horas gratuitas de edición, equipos, dinero, etc.) para poder terminarlas y estrenarlas, si es posible uno o dos años después, en esos mismos festivales. El de acá pasó a llamarse, desde este año, Competencia en Tránsito. Ayer se presentaron 12 candidatas. A destacar, con la ilusión de verlas completas, “De todas las cosas que se pueden saber y algunas otras” (semidocumental de Sofía Velázquez, Perú, filmado entre los habitantes del pueblito perdido en las sierras donde nació el enorme poeta César Vallejo), “Álbum para la juventud” (Malena Solarz, verano de dos adolescentes después de terminar la secundaria), “En compañía” (Ada Frontini, el amor entre los humanos y los perros), “Estrella Roja” (Sofía Bordenave, Moscú en 2017, a cien años de la famosa Revolución Rusa) y “Los paisajes” (Hernán Fernández, dos mujeres rusas que se salvaron de Chernobyl hoy tienen una chacra en Misiones).

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