20 de febrero 2004 - 00:00

Margarita Bali exhibe una danza con alta tecnología

Margarita Bali exhibe una danza con alta tecnología
T ras estrenarlo en Estados Unidos, la coreógrafa Margarita Bali presentará en marzo, en el teatro Presidente Alvear, su nuevo espectáculo multidisciplinario «Zoom in, look out» («Ojo al zoom»), desarrollado junto a la bailarina norteamericana Joan Karlen. El resto del equipo está integrado por el bailarín Edgardo Mercado, el compositor Jorge Sad y el programador de Interactividad y Sonido Francisco Colasanto. El diseño de luces es de Eli Sirlin y el vestuario de Mónica Toschi. La obra fue montada en el Teatro Jenkins del Fine Arts Center de la Universidad de Wisconsin, un teatro experimental de alta tecnología, donde se ofrecieron 7 funciones con un gran éxito de público. En los últimos años y luego de una trayectoria internacional de 25 años con Nucleodanza (la compañía que fundó junto a Susana Tambutti), Bali se volcó a la video-danza y al estudio de montajes interactivos. En este momento se encuentra exponiendo sus video-instalaciones en varios salones de arte.

Periodista:
Una curiosidad, antes de que explique la compleja tecnología que utiliza en el espectáculo ¿por qué incluyó cacerolazos en la obra?

Margarita Bali: Porque la bailarina vino en esos días a Buenos Aires a ensayar la obra y quedó absolutamente azorada con lo que vio. En la obra también aparece el atentado del 11 de septiembre, porque justo ese día ella viajaba de Wisconsin a Nueva York para luego ir a Londres. Pasó 5 horas en el aeropuerto sin saber qué ocurría. Le llevó cerca de dos días volver a su casa. Me interesó que esta mujer de 42 años, bailarina, docente con cierta experiencia y que además vivió estos dos momentos tan violentos volcara toda esta cosa un poco autobiográfica, donde se mezcla lo personal con lo que pasa en el mundo.


P.:
¿Y cómo reaccionaron los norteamericanos ante esta obra?

M.B.: La obra gustó y desconcertó positivamente a la gente. No olvidemos que Wisconsin es una ciudad del Medio Oeste, no es Nueva York. Tambien tuvimos unos pequeños incidentes un poco desagradables, que tuvieron que ver con la Guerra contra Irak. Una de las profesoras de la Universidad me pidió que pusiera un cartel junto a la boletería advirtiendo que las imágenes de este espectáculo podían disparar emociones violentas. En realidad, yo puse muy pocas imágenes del atentado, la mayoría son de Buenos Aires, pero aún así, tuvimos una larguísima discusión. Ella me decía: «Este es un pueblo chico, la gente está habituada a ir al teatro y pasarla bien e irse a su casa muy feliz».


P.:
¿Y al final pusieron el cartel?

M.B.: ¡No! si el músico amenazó con irse y no hacer la función si tocaban algo del espectáculo. ¡Estaba más enojado que yo!


P.:
¿Cada función va a generar sonidos diferentes?

M.B.: Lo que se va a generar es un orden diferente dentro de un pool de sonidos preestablecido. Es como un banco de datos de 25 sonidos, donde nunca se sabe exactamente cuáles van a ser activados, pero sí en que zona están ubicados. Porque tampoco quiero que esto sea completamente aleatorio, ya que la obra tiene una especie de progresión dramática.


P.:
La tecnología que utiliza en este espectáculo aparece como algo muy difícil de entender para un lego ¿Podría explicarla?

M.B.: El espectáculo tiene muchos programas de software que hay que manejar en tiempo real, a través de tres computadoras. También incluimos sensores, entre ellos, una cantidad de micrófonos que están metidos dentro de una mesa que la bailarina golpea en algunos momentos. Pero esos sensores no aumentan el sonido como lo haría un micrófono cualquiera, sino que captan ese sonido y lo mandan de manera inhalámbrica a una computadora. Esta lo recibe en un programa de música y de ahí se dispara un file de sonido que ya es musical. Todo esto tiene cierta aleatoriedad porque los sonidos se disparan por los movimientos de la bailarina. Es algo muy distinto a bailar con el sonido. La cámara de video, además de funcionar como cámara actúa como otro sensor, que actúa como el de las alarmas infrarrojas. Si te movés poco no se dispara.


P.:
Además, el bailarín dibuja sobre una pantalla ¿Eso cómo se hace?

M.B.: Además de los videos con textos proyectados, él dibuja con photoshop a través de un mouse inhalámbrico. Pero como sucede con todas las cosas tecnológicas, que sólo sirven para el trazo grueso y no funcionan en el trabajo fino, hacemos una combinación entre lo que dibuja el bailarín en escena y lo que dibujo yo sentada desde el control. Así, nos vamos pasando el comando de la computadora, trabajando con dos mouse al mismo tiempo.


P.:
¿Entonces, usted opera programas durante toda la función?

M.B.: Sí ¡Estoy como loca! (se ríe) Dibujo, abro y cierro programas, controlo todos los clip de video. Es como manejar una isla de edición en tiempo real. Son 50 minutos de muchísima tensión, pero me divierto. Es pura adrenalina.


Entrevista de Patricia Espinosa

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