13 de noviembre 2001 - 00:00

Martha Argerich inició impresionante maratón

Martha Argerich
Martha Argerich
Concierto con Martha Argerich, Camerata Bariloche, Karin Lechner, Claudio Barile, Mariano Rey y Angel Frette. Obras de Schumann, Mozart, Rota, Ginastera y Saint Saëns. (Teatro Colón, 11 de noviembre).

Sin cámara acústica, y por las mismas disputas gremiales que obligaron a la Orquesta de La Haya a trasladar su concierto al Teatro Coliseo, de todas maneras se concretó el feliz encuentro entre el público y Martha Argerich, la artista argentina más aclamada mundialmente en los últimos 40 años.

La energía, el empuje y el carisma de la notable pianista imperó a lo largo de la jornada dominical, cuando todavía resonaban los ecos de la estruendosa ovación recibida el sábado después de su magistral interpretación del Concierto de Ravel.

Esta vez, y alterando el orden del programa, inició ella la velada con una obra cumbre dentro de la música de cámara de Robert Schumann, el Quinteto en Mi Bemol Mayor Op. 44, donde el piano de la Argerich fue dominante y conductor tanto del discurso como de la dinámica, profundidad en la expresión y esa inmaterialidad sonora que contrasta con los toques fuertes, temperamentales pero controlados. Menudo compromiso para los solistas de la Camerata Bariloche ( Hasaj, Saraví, Magin y Aepli), que dieron todo de sí para tratar de seguirle el vuelo a la insuperable pianista.

Luego la Camerata, formada en media luna alrededor del piano, se dispuso a compartir la siempre sólida experiencia mozartiana que suele brindar Karin Lechner, con el Concierto en Do Mayor K. 415 (que en 1988 ya había grabado en CD con el Franciscan String Quartet), y que fue un ejemplo de elegancia y buen gusto interpretativo, tan aplaudidos que debieron repetir el encantador Rondeau-Allegro.

Se honró a la música argentina con la «Pampeana N° 1 Op. 16» de Alberto Ginastera, en una entusiasta versión que curiosamente fue ovacionada, como si el público hubiese madurado hasta aceptar sin reparos al gran creador. Siguieron con una joya del enorme cofre del compositor italiano Nino Rota, su «Concertino per archi», que tiene la atmósfera de los films de Fellini -a los que tantas veces le incorporó su música incidental-y que la Camerata Bariloche presentó en una depurada versión.

Para cerrar gloriosamente con la Argerich y su colega Eduard Hubert en pianos, se unieron la Camerata, el excelente flautista Claudio Barile, el ascendente clarinetista Mariano Rey y el percusionista Angel Frette, en la exhumación de la gran fantasía zoológica «El carnaval de los animales» del francés Camille Saint Säens.

Para ello, se convocó a la actriz
Juana Molina para una innecesaria presentación de los diferentes animales, aunque fue graciosa el análisis de la inexplicable anatomía de la mano de la Argerich. El resultado final es el de una versión inolvidable, por los suaves y etéreos arpegios de Argerich en «El cisne» o el envidiable sonido a campanas que ni el unísono en xylofón podía tapar. Definitivamente, esta artista es un fenómeno difícil de describir.

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