28 de diciembre 2001 - 00:00

"Me di el lujo de decirle que no a Marcelo Tinelli"

Fabián Gianola
Fabián Gianola
(28/12/01) Fabián Gianola llega a la entrevista con retraso y agitado, escuchando los mensajes pendientes que tiene en su celular. Y sólo después de hacer una serie de llamados para ordenar complicaciones con cheques y efectivo, aclara a modo de disculpa: «Al banco ni llamo porque, si no, tengo para una hora y media». Sin duda es argentino, pero uno bastante atípico: a diferencia de muchos connacionales, a él le diagnosticaron stress laboral (hace años que viene trabajando en teatro, televisión, cine, cable, publicidad y radio), por lo que su médico le ordenó disminuir el ritmo y las horas de trabajo. No puede. Justo ahora debe vérselas con extensas y arduas jornadas de grabación, porque después de cuatro años, Gianola vuelve a la ficción. Lo hará en la comedia «Maridos a domicilio» que Azul pondrá al aire a partir del 7 de enero, con producción de Enrique Estevanez y un elenco que incluye también a Juan Leyrado, Andrea Bonelli, Daniel Fanego y Luisina Brando, entre otros.
 
Periodista: Este año hizo teatro de revistas, un programa en «Radioshow», de Marcelo Tinelli, siguió con el comercial de jabón en polvo, condujo «Televisión Registrada» y ahora protagonizará una tira. No le hace mucho caso al médico...

Fabián Gianola:
Pero me quedé nada más con la ficción para el verano porque el programa de radio termina en diciembre y rechacé muchísimas ofertas.

P.: Una vez dijo que trabajaría full time hasta terminar de pagar su casa ¿Ya está?


F.G.:
Terminé por suerte, así que pude darme el lujo de decirle que no a Marcelo Tinelli, que me llamó para su proyecto de ficción, «La agencia»; también rechacé doce ofertas teatrales y otras cosas más.

Cachet alto

P.: ¿Por qué cree que lo convocan tanto? ¿Será por su versatilidad o porque es accesible económicamente?

F.G.:
Gracias a Dios mi cachet no es nada bajo, creo que son momentos. Hay períodos en los que te convocan más y otros en los que te llaman menos. En tiempos en que se está en alza, se aprovecha mientras se puede y después podés caerte. Esta es una carrera muy cíclica y hay momentos en que se está bien pero se termina porque agotaste, cantaste, mostraste todas las caras que sabías y no te quedaron más. Espero que ahora nos vaya bien con el programa; que cierren los números de rating.

P.: Hay muchos programas que funcionan por los anunciantes, sin mediciones excepcionales...


F.G.:
Pero en ficción el éxito es directamente proporcional al rating. Sólo eso nos garantizará seguir en el aire durante todo el año.

P.: Los últimos ciclos de Estevanez («Reality, reality» y «PH») no funcionaron como él evidentemente esperaba; hasta tuvo que cerrar los Estudios Pampa y trasladarse a trabajar a Azul Televisión.


F.G.:
Lo único que sé es que en el canal pidieron que no hubiera personajes del reality de los actores. Pero Quique Estevanez es un productor muy serio y más allá de los resultados, tuvo el mismo compromiso que con sus ficciones. Lo que más defiendo de Quique es que apueste siempre a los actores.

P.: ¿Aunque los contrate para un reality show?


F.G.:
A mí me aburren los realities, sea con anónimos o con actores. El único que me pareció bien fue «Popstars» porque al menos buscaban el talento y quedaron las cinco mejores cantantes y bailarinas. Además se les dio trabajo, el grupo «Bandana» ahora hace shows, no sé si grabará un próximo disco.

P.: ¿De qué trata «Maridos a domicilio»?

F.G.: Es una telecomedia costumbrista, como se dice ahora, con muchas cosas de barrio, de nosotros, de la actualidad nuestra. La falta de trabajo, un club que quiere ser saqueado por un presidente deshonesto y de cómo los vecinos apoyan a Mario ( Juan Leyrado) para que asuma ese puesto. Tanto Mario como Bocha, mi personaje, que son cuñados y viven en una casa chorizo, son empleados de una fábrica que una mañana encuentran cerrada. Se quedan sin trabajo y deciden abrir una empresita de arreglos domiciliarios.

P.: El tomar elementos de la complicada situación del país ¿es un ingrediente ineludible en la ficción o podría evitarse para aliviar al público?


F.G.:
Todo esto que nos pasa tiene que aparecer, pero se puede contar con un poco de humor, alegría y desde el optimismo. Se busca encarar la realidad volviendo a la gente cuando está unida, con su familia, con sus amigos y rescatar lo que es una persona de bien.

P.: Cuál cree que es la fórmula que triunfó en «TVR», que el año que viene cumplirá su cuarta temporada y por el mismo canal (América)?


F.G.:
Nada te garantiza el éxito. En «TVR» hay una bajada de línea crítica y una estética muy interesante. El tape es la verdadera vedette del programa, Morgado y yo sólo acompañamos eso. Pero nada te dice que por ser un formato nacional o extranjero o una ficción o un entretenimiento va a ir bien. Nadie te dice «es esto».

P.: ¿Una televisión devaluada les da más material para la crítica, teniendo en cuenta que conducen un programa que parodia justamente a la TV?


F.G.:
La televisión siempre da pero es sólo una parte del programa. Los realities o los programas de chimentos pueden estar o no pero después está la política argentina, que pasa más que nada por la televisión. La realidad de nuestro país, sea buena o mala siempre es comentable y criticable, así que si está grabada va a estar en «TVR». Nosotros mismos somos criticados por Tino y Gargamuza. Cuando me criticó por primera vez me mató; dijo: «Ahora sé lo que es sentir verguenza ajena» y me sacaron a mí cantando.

P.: ¿Qué trabajo disfrutó más?

F.G.: Me divertí mucho con mi personaje en «Los Benvenutto» pero también la pasé bárbaro con mi papel en el teatro de revistas con «El último de los amantes ardientes».

P.: El «hombre multipropósito» surgió para contrarrestar el encasillamiento con el gay que interpretaba junto a Guillermo Francella?


F.G.:
Cuando terminé «Los Benvenutto» rechacé muchísimos papeles porque todos me ofrecían interpretar a un homosexual. Trabajé mucho como actor en otros roles y después de cuatro años me surgió una conducción, con «Mar de fondo». Luego me llamaron para conducir siete mil cosas.

P.: ¿Eso de que épocas de crisis el humor se vuelve indispensable no es un lugar común?


F.G.:
La gente lo necesita, aunque es más fácil hacer reír que conducir un noticiero o protagonizar un drama. Pero si se logra la risa, se le hace a la gente un bien muy grande. La posibilidad de distraer y darle simpatía es invalorable. Hay que concentrarse y apoyarse en el equipo de trabajo, nosotros nos divertimos mucho durante las grabaciones, igual que los técnicos y el equipo de producción.

P.: Dicen que la reacción de los técnicos es el termómetro del actor de televisión.


F.G.:
Es cierto, si se ríen ellos es una buena señal.

Dejá tu comentario

Te puede interesar