Mediano Serrat seduce a sus incondicionales

Espectáculos

«Serrat «Mô». Actuación de Joan Manuel Serrat (voz, guitarra). Con Ricard Miralles (piano). (Teatro Gran Rex; 22 de enero.)

Para una gran parte del público argentino, Joan Manuel Serrat es un prócer. Un poco por sus incuestionables glorias artísticas pasadas; otro por el amor y la cercanía que ha manifestado siempre por nuestro país. Lo cierto es que basta que se sepa que está por llegar a la Argentina -en este caso, para hacer una extensa gira que acaba de comenzar en Buenos Aires y que recorrerá varias ciudades del país-para que se desate la locura y el público salga desesperadamente a comprar entradas sin importarle su alto precio.

Así arrancó entonces este nuevo tour sudamericano frente a un Gran Rex completo hasta la última butaca y con una multitud dispuesta a festejarle cada una de sus palabras (libretos estudiados que el artista maneja como si fueran ocurrencias del momento), cada una de sus canciones, antiguas o nuevas, y perdonarle todo lo que puede tener de cuestionable este concierto.

La base del show es el «Serrat 100 x 100» que hizo en su anterior visita a fines de 2005,
apenas salido de su enfermedad, con el agregado en este caso de algunos de los temas que forman parte de su más reciente álbum «Mô», con letras exclusivamente en catalán. Nada muy nuevo entonces. Sólo acompañado por el piano de su antiguo partenaire Ricard Miralles y por su propia guitarra, con una puesta muy austera, más de pub que de gran sala, Serrat volvió sobre muchos de sus clásicos como «Hoy puede ser un gran día», «De vez en cuando la vida», «Mediterráneo», «Aquellas pequeñas cosas», «Benito», «Cantares», «Tu nombre me sabe a hierba» --en un arreglo muy distante del original-, «Penélope», «Pueblo blanco» -en el mejor momento del espectáculo-, «Disculpe el señor», «Esos locos bajitos», «Fiesta», etc.

E hizo unos pocos títulos de su último disco: «Mô», « Cremant núvols», «Sihagués nascut dona» y «Fugir de tu». Todo se desarrolló en una medianía absoluta: en el tono, en el clima elegido, en la apuesta artística y hasta en algunas imprecisiones de afinación, sólo soportable en un artista al que se le tiene cariño retrospectivo.

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