Ese personaje es un simple sexagenario del conurbano, un viudo repartido entre la disquería de su propiedad, las charlas con el nieto, y las reuniones en una pequeña sociedad de fomento. La verdad, lo pasa mejor afuera que en su propia casa, donde el hijo desocupado anda siempre de mal humor. Afuera están la empleada de la disquería y su novio, a quienes terminará vendiendo el negocio, y está, sobre todo, la hija de un viejo amigo, una chica a la que vio crecer, y hoy es una treintañera separada, que ha vuelto al barrio. Entre ambos las cosas se van dando de a poco, como algo casi natural. Pero sus respectivos familiares...
Igual que sus personajes, la película se va dando de a poco, sumando con naturalidad diversos fragmentos de vida cotidiana, y también va a tener un impasse cuando lo tengan sus enamorados, reprimidos no por «el qué dirán», sino por lo que ya les están diciendo los otros. El desenlace es tocante, y bastante creíble, aunque algunos lo vean un poco tremendista. Sin dudas, al productor le hubiera convenido otro final, pero el autor (que es la misma persona,
Medida descripción de un amor, entonces, y de unas últimas bocanadas de relativa plenitud en la vida de un hombre «de la tercera edad», la suya es una obra bien planteada, de controlada emoción, y deliberado tono menor. Por supuesto, se extrañan los arrestos románticos de
Párrafo aparte merece la música, digna de difusión, de
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