19 de mayo 2005 - 00:00

Mentira tan difícil de creer como el film

Una de las imágenes que abundan en «Querido Frankie», improbable historia de lasderivaciones de una mentira de una madre a su hijo sordo, por amor y para protegerlo.
Una de las imágenes que abundan en «Querido Frankie», improbable historia de las derivaciones de una mentira de una madre a su hijo sordo, por amor y para protegerlo.
«Querido Frankie» (Dear Frankie, Gran Bretaña, 2004, habl. en inglés). Dir.: S. Auerback. Int.: E. Mortimer, J. McElhone, M. Riggans, G. Butler, J. Johnson, S. Small.

La cineasta escocesa Shona Auerback debuta en la dirección de largometrajes con un tema atribuido por el imaginario a la condición femenina, si los hay: qué no haría una madre por amor a su hijo. Lizzie, la protagonista de «Querido Frankie, se la pasa mudando de pueblo junto a su madre y su hijo de 9 años, el único de los tres en ignorar que él es el motivo de esa compulsión al cambio. El chico tampoco imagina que las cartas que recibe de su padre marino (de quien tiene una memoria vaga) las escribe la madre, pero el espectador sabe que esto no es una acción perversa sino una mentira piadosa de Lizzie, porque el verdadero padre de Frankie es un individuo demonizado de entrada por las dos mujeres; sin necesidad de secretear, además, ya que el niño es sordo.

Esta discapacidad propicia los inevitables subrayados sobre crueldades y discriminaciones, a través de un insufrible condiscípulo que le escribe «zordo» (así con zeta) en su primer día de clase, para empezar. En compensación, para protegerlo está Capriota, una compañerita que hasta podría estar infantilmente enamorada de Frankie, y dice cosas como «las mujeres adoramos los secretos».

Haberle puesto nombre del barco de su supuesto ex marido se convierte en espada de Damocles para Lizzie -bastante culpable ya de mentirle al hijo-, porque el barco existe y está a punto de llegar al puerto en que viven ahora. Tras algunos cabildeos sobre decir la verdad o sostener el engaño, una buena amiga le consigue un candidato a hacerse pasar por padre de Frankie durante un día y por unas pocas libras. Se trata de un hombre de mar digno de una historieta, cuya intervención en la trama barre con el ya dudoso realismo del film.

Como si las frases hechas del guión no fueran suficientes, Auerback utiliza letras de canciones para ilustrar los paseos de los falsos padre e hijo -sobre fondo de póster-, y los momentos trabajosamente emotivos; que son los más, todo hay que decirlo. En el elenco, la única que se acerca a persona real es Mary Riggans (la abuela de Frankie); y la pequeña Jayd Johnson (Capriota) es simpática, sobre todo cuando baila «Macarena», justo en la escena donde el film empieza a desbarrancarse irremediablemente.

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