24 de octubre 2005 - 00:00

Mondongo dedica su arte al dios dólar

«32 caperucitas con canastas vacías y sin lobo»: en la interpretación de Mondongo, van en busca de dólares para llenar sus canastas.
«32 caperucitas con canastas vacías y sin lobo»: en la interpretación de Mondongo, van en busca de dólares para llenar sus canastas.
En el imaginario argentino, el dólar ocupa un lugar que trasciende lo monetario. Este poderoso fenómeno cobra renovada vigencia en la muestra que el grupo Mondongo inauguró el miércoles pasado en la galería Ruth Benzacar. En sus escritos dedicados al dinero, John Kenneth Galbraith aporta un dato básico; dice que «la mayoría las cosas de la vida - los automóviles, las amantes, el cáncer- sólo son importantes para aquellos que las tienen», pero que el dinero importa por igual al que lo posee como al que padece su falta.

En la Argentina, que en menos de un siglo pasó de ser potencia mundial a la pauperización, el dinero no sólo importa a todos, como sostiene Galbraith; conlleva además una carga de sensaciones que supera largamente el mero interés.

Así, la emblemática representación del dinero, el billete con el rostro de George Washington que reproduce Mondongo, evoca placeres y urgencias desesperadas, dichas y desdichas. El inmenso dólar de 250 kilos que los artistas reproducen sobre una base encerada en dramático blanco y negro, con clavos e hilos de plata, acentúa el sentimiento de incertidumbre que forma parte del ser argentino. Un simple cambio de color, alcanza para tornar sospechosa la imagen de lo que fue durante décadas de sucesivos marasmos económicos, la más anhelada y segura tabla de salvación.

En la historia del arte, el dinero supo ser motivo de inspiración. La serena pintura de Metsys, «El cambista y su mujer», expresa el equilibrio renacententista; la otra cara de esta moneda es el retrato de un frenético y ambicioso Pato Donald realizado por Warhol, con el signo pesos bailando en sus ojos. En Brasil, Cildo Meireles, Waltercio Caldas y Nelson Lerner, elaboraron visiones críticas acerca del dinero, mientras en la Argentina parecía hasta hoy ser un tema tabú.

La muestra de Mondongo viene a romper el silencio y se abre con la obra «32 caperucitas con canastas vacías y sin lobo». Título significativo, pues el inquietante batallón de nenitas- dispuestas a llenar sus canastas con dólares, como se puede suponer-, marca el final abrupto de la serie dedicada al cuento de Perrault, y profundiza un cambio estético y anímico en el grupo.

Jóvenes, desprejuiciados y talentosos, Agustina Picasso, Manuel Mendanha y Juliana Laffitte, integrantes del colectivo que surgió con el nuevo siglo, sacudieron como un cachetazo la pacata solemnidad del ambiente con su humor desvergonzado. Herederos de la alegría del pop, sus memorables retratos, como el de un célebre galerista realizado con comida para perros, el de un director de museo con caramelos Media Hora, los monarcas de España con espejitos de colores y San Martín en papel glacé, los montaron en la cumbre del sistema. Sin embargo, apenas pudieron beber la excitante espuma de esa gloria, porque la melancolía argentina los puso pronto en vereda.

Ahora, que todo conato de felicidad banal y de inocencia - o crueldad- gozosa ha sido sofocado, ensimismados y con inteligencia conceptual deconstruyen el mito del dólar, vacían de su significado primigenio, rompen su
« encantamiento sagrado», y lo visten de luto. La exhibición se llama «Merca», término despectivo que hace referencia al consumismo y mercado, entre otras connotaciones.

El brillante texto que le dedica al grupo el británico
Kevin Power, resume el espíritu que embarga a los artistas, registra la apuesta desesperada de jugarse el todo por el todo, y bien vale la cita: «Yeah baby, comprá en el barrio hasta que explotes, hasta que colapses en las ondas de una carcajada nocturna; hacelo rítmicamente y subí el volumen. Esta Banda de Tres sigue jugando a la ruleta y los números siguen saliendo».


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