Moscú - (12/03/2001) «¿Será otra bomba?», se preguntaban días pasados cientos de moscovitas apiñados como corderos en el majestuoso vestíbulo de la estación de metro Kievskaya. Resignados a creer que sólo los devastadores efectos de un nuevo atentado podían justificar el cordón policial que les impedía acceder a la estación contigua, nadie sospechó que el culpable de sus sudores y retrasos era Harrison Ford.
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Uniformado con la gabardina negra de la marina soviética y protegido por más de 60 guardias de seguridad rusos y americanos, la estrella de Hollywood rodaba envuelta por una atmósfera de misterio el primer minuto de la superproducción norteamericana «K-19, The Widowmaker» («K-19, la fábrica de viudas»), un film que le reportará 25 millones de dólares por 20 días de rodaje. El salario de un capitán ruso de submarino no supera hoy los 210 dólares.
La película (que cuenta con un presupuesto de 100 millones de dólares) narra el primer accidente de la flota nuclear soviética, que tuvo lugar el 4 de julio de 1961 en el Atlántico Norte, cuando siete marinos del K-19 perdieron la vida al quedar expuestos a una fuga radiactiva.
Metido en la piel de Nicolai Zatieiev, el capitán del sub-marino K-19, Harrison Ford desciende de un vagón y se confunde con una marabunta de 300 extras, mientras 12 palomas amaestradas vuelan por encima de sus cabezas... Así arranca el polémico largometraje de la compañía K-19 Productions, cuyo equipo, encabezado por la directora Kathryn Bigelow («Días extraños»), llegó dos semanas atrás a Moscú con la firme intención de rodar contra viento y marea su particular «Titanic» bajo el mar.
Sin embargo, dos son los icebergs que amenazan con hacer naufragar el proyecto. Por una parte están los ancianos supervivientes del accidente, que han calificado el guión de «ultraje a la memoria de los caídos» y aseguran que fueron «engañados como indios» cuando hace ocho años la compañía les pagó un puñado de dólares por el derecho a contar la historia de sus vidas.
Litigio
Paralelamente, la productora de cine Drawbrige Films Inc. exige que el rodaje sea interrumpido porque dice tener en su poder un acuerdo firmado con el ex capitán Zatieiev que le da prioridad para rodar la historia. El litigio ha sido elevado a un tribunal de Los Angeles, que podría obligar a la K-19 Productions a cambiar su guión o a comprar el de Drawbrige que, parece, gusta más a los supervivientes de la tragedia.
En el momento del accidente del K-19, muchos culparon al capitán Zatieiev de la muerte de los marinos, a los que ordenó reparar una fuga de agua radiactiva en el reactor en lugar de detener las maniobras. «Zatieiev (que me dio sus diarios dos días antes de morir) comprendía que si el reactor del sub-marino estallaba frente a las costas de EE.UU., Washington creería que la URSS iniciaba un ataque. Por eso mandó a siete jóvenes a la muerte para que reparasen el sistema de refrigeración del reactor», asegura Nicolai Cherkashin.
En medio de todo este revuelo, la hija de Zatieiev quiere que el rodaje continúe porque siempre le sorprende la «asombrosa semejanza física entre Harrison Ford y mi padre», según ha publicado el diario «Moskovski Komsomolets».
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